El Juzgado número 2 de Lalín remitió ya al fiscal y a las defensas el informe médico forense realizado por el Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) tras los reconocimientos a los que sometió a Carmen Reboredo Lalín. La mujer, al igual que su marido José Mouriño, está en prisión preventiva imputada por el asesinato de su hija, la muerte de un ex trabajador de la casa familiar y el incendio de su domicilio de Barcia.
El informe es la última actuación que tenía prevista la fiscalía dentro de las diligencias previas del caso. El objetivo de esta prueba pericial era saber el estado de salud mental de Carmen Reboredo y si padece alguna alteración psíquica o algún trastorno de personalidad.
La mujer fue sometida a reconocimiento por dos médicos forenses y por la psicóloga del Imelga. En sus conclusiones el informe plantea varias hipótesis sobre la posible afectación de las facultades intelectuales y/o volitivas de Carmen Reboredo. Una de ellas es la posible simulación «para obtener un beneficio propio y/o ajeno».
Los facultativos del Imelga se hacen eco en el informe de las contradicciones en las que incurre Carmen Reboredo en las dos entrevistas realizadas. En ambas la mujer vuelve a autoinculparse de la muerte de su hija, igual que hizo cuando fue sacada de la fosa de purín ante la Guardia Civil y los representantes del juzgado. En las entrevistas realizadas en el Imelga dijo que «yo en ese momento no estaba bien ... no estaba bien porque yo no mataba a mi hija por nada del mundo» y que algo se le pasó por la cabeza.
En la primera contó que los días antes no había pasado nada importante y en la segunda refirió que se encontraba un poco estresada. Negó planificación previa y señaló que esa noche se acostó después de darle dos besos a su hija. Que se levantó por la noche y la mató pero no se acuerda del momento de hacerlo o de haberla matado. Primero, según se recoge en el informe, no recordaba cómo lo hizo y más tarde dijo que «con un palo que tiene un hierro en la punta». La mujer tampoco fue capaz de precisar de cuántos golpes murió Sonia Mouriño o a qué lado de la cama se supone que se situó para dárselos.
En la primera entrevista, según recoge el informe, dijo que «fue su marido el que al entrar en la habitación de su hija y verla muerta le dice que fue ella y que es cuando se dio cuenta de lo que hizo». En la segunda en cambio afirma que fue ella la que se lo dijo a su marido cuando este entró en la habitación y que cogió el palo del fallado.
La primera hipótesis que barajaban los forenses era la existencia de un trastorno depresivo grave, con ideación suicida y voluntad de morir. Unas alteraciones que, consideran, deberían existir ya antes de los hechos, pero en este caso en ninguna exploración Carmen Reboredo dijo que tuviese intención de suicidarse antes de lo ocurrido sino después. No les constan «síntomas depresivos en aquella época» y no aprecian factores externos de tipo psicosocial o económico que pudieran precipitar los hechos.
En la primera entrevista cuando hablaba del cuidado de los mayores decía que no se encontraba agobiada y que «no le cansaban las tareas» y en la segunda que «era mucho para mí». Los forenses tampoco encuentran «ninguna categoría diagnóstica que cumpla los criterios» que sustenten que Carmen pudo sufrir un estado de alteración de la conciencia. Ella insiste en las dos entrevistas en la falta de conciencia del acto lo que para los psiquiatras es, al parecer, difícil de explicar. Cuenta que se despertó, la mató y que luego siguió durmiendo hasta que su marido la despierta y le dice que huele a humo.
El informe se hace eco también de sus patologías físicas y psicológicas y del tratamiento al que fue sometida tras la muerte de su padre.