EL EXPERTO

Un desmedido afán competitivo y no recreativo tiene la culpa


Traumatólogo y especialista en medicina del deporte

Desde hace unos años es notable el aumento de pacientes que acuden a la consulta en edades comprendidas entre los 11 y los 15 años, es decir, en pleno crecimiento y desarrollo. Creo que hasta, por lo menos, los doce años, no se debe enfocar la actividad deportiva de un niño a la competición, sino que debe centrarse en el desarrollo de habilidades corporales. Se les exige a los niños como si actuasen en categorías de máximo nivel competitivo. Y, a mayor demanda física, más lesiones. No se trata de la cantidad, sino de la calidad de la actividad. En pleno desarrollo, con los cartílagos sin formarse plenamente, surgen problemas como osteocondrosis, dolencias en el calcáneo, rodillas, contusiones y esguinces. Tras ocho horas de colegio, hay niños que deben hacer los deberes, entrenarse, practicar dos deportes y, el fin de semana, disputar tres partidos, incluso de deportes incompatibles, como fútbol y fútbol sala. Aparecen dolencias vinculadas al crecimiento: la enfermedad de Osgood-Schlatter, la de Sever, lumbalgias, escoliosis, cifosis, deformidades en los pies... todo por abusar del aspecto competitivo y no potenciar el recreativo. 

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