Dentro del fanatismo ultra

La obra sigue los pasos de Heiko Kolbe, líder de una banda que organiza batallas campales con hinchas de equipos rivales de Hannover 96


Las quedadas organizadas entre seguidores violentos de dos equipos para pegarse infectan el fútbol actual. Al fenómeno consagra Philipp Winkler su debut literario, Hooligan, finalista al Premio Alemán del Libro en el 2016.

La obra sigue los pasos de Heiko Kolbe, un joven de una familia desestructurada que trabaja en un gimnasio propiedad de su tío Axel, líder de una banda que organiza batallas campales con hinchas de equipos rivales del Hannover 96, el club que opera como elemento de identificación de la variopinta panoplia de seres que pululan por la novela.

Subraya Philipp Winkler que la suya «no es una novela sobre fútbol ni sobre hooligans» sino sobre personajes perdidos y que encuentran su norte adscribiéndose a un grupo. «Hay hooligans que lo son por hobby, otros por compensar algunos déficits», apunta. Considera el escritor que «la disposición a la violencia cada vez es mayor», aunque «el umbral de violencia es menor». Narra lo ocurrido hace un año en su país, cuando hinchas del Magdeburgo mataron a un seguidor del Halle arrojándole de un tren en el que se habían cruzado de forma casual.

«Contra la violencia en el fútbol hay que intervenir antes de que se produzca y en otros lugares», agrega. Para el autor, es necesario «educar en contra de la violencia» y trasladar a los niños que la violencia es algo «malo y equivocado». Claro que esa enseñanza resulta en vano si los padres «son los primeros que van a pegarse» a los campos de fútbol en los que juegan sus hijos, un fenómeno que, según el escritor, también existe en Alemania, especialmente en Berlín.

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