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Iván Raña: «Me gustaría un podio en Hawái»

Raña, que reaparece el domingo en Lima, con la vista en el ironman de octubre en Kona, escucha su cuerpo y se prepara a sus 37 años sin un entrenador fijo


REDACCIÓN / LA VOZmadrid / efe

En una agenda anota en varios colores el entrenamiento previsto cada día. Al terminar la semana, tacha, corrige y escribe la carga a pie, a nado y en bici que le pidieron el cuerpo y el ánimo. No necesita gráficas ni aplicaciones especiales. Durante 20 años se ha empapado de conocimientos científicos de triatlón, pero sobre todo ha visto en un proceso de prueba-error lo que mejor le va. Por eso Iván Raña (Ordes, 1979) ya no utiliza ordenador al planificar el año. Estos días vive en Perú su primer viaje largo del 2017. A estas alturas, cuadra su ambición deportiva con sus deseos personales. Por eso en Lima también salió al desierto con un todoterreno Mitsubishi antes de competir el domingo en un triatlón de media distancia (1,9 kilómetros a nado, 90 en bici y 21 a pie). Raña es autenticidad, simpatía, ironía, libertad. Como cuando corrió la Copa del Mundo de Madrid descalzo. Ahora intenta despojarse de esa imagen. Que el personaje no devore al deportista. 17 años después de su primer diploma en unos Juegos y tres lustros más tarde de su título mundial en distancia olímpica (1,5 kilómetros a nado, 40 en bici y 10 a pie), disfruta cada día. Pero deja escapar un último deseo antes de que el tiempo le retire: «Me gustaría subir al podio en Hawái, eso me falta».

 

Seis pruebas

El camino hasta 14 de octubre en Kona, la isla mítica del ironman, comienza en Lima, y le llevará después en diferentes distancias por Barcelona (el 21 de mayo), Madrid (28 de mayo), Klagenfurt (Austria, el 2 de julio) y Zell am See (Austria, el 27 de agosto).

Desde el 2013 casi todo lo condiciona el ironman de Kona, donde fue sexto, decimoséptimo, duodécimo y noveno. En noviembre volvió a entrenar otra vez. Y camino de los 38 años, se siente fuerte para retar a Jan Frodeno, ganador las dos últimas veces en Hawái, y con el que se medirá en Klagenfurt y en Barcelona. «Hay un poco de pique. Me mola correr con los mejores y me veo en condiciones de disputarle la victoria. Pero en un ironman, en esas ocho horas, le puede dar un pajarón a cualquiera».

 

Raña sigue a su aire. Entrena solo en Santiago, donde está su novia, y sale con algún grupo en Lanzarote, donde pasa largas temporadas. Y ahora escucha los consejos de muy pocas personas. «Mi plan al final lo diseño yo. Cuando me entrenaba Luc van Lierde, me enviaba un fax con las cargas de cada semana. Y yo pensaba 'él me manda esto y no sabe cómo estoy'. Aunque fuese un entrenador supercientífico y con sabiduría fisiológica, si no me conoce bien, por muchos test que me haga... Ahora escucho a triatletas veteranos con experiencia, José Rioseco me ayuda con la natación y la parte técnica en Santiago, hablo mucho a [Gustavo César] Veloso de temas de bici... Lo más importante es tener los ojos abiertos y aprender de todo el mundo». 

«Tengo que disputar el triunfo»

Esa flexibilidad que le pide su madurez como deportista la encuentra Raña en el entrenamiento a largo plazo del ironman. «Ya no me doy latigazos. Si tengo un día malo y estoy cansado o resfriado, no salgo por mucho que esté planificado. Hay que pensar en Hawái en octubre. Allí no saqué todo mi rendimiento más que el primer año al ser sexto. Si todo va bien, tengo que estar disputando el triunfo», se le escapa. Porque insiste en que lo importante es disfrutar, pero dentro palpita el instinto ganador del otro Raña, el pionero, el campeón.

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