Ver galería 0La nueva vida de Desireé Vila

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Desirée, una nueva vida en Canterbury

La gimnasta, que perdió una pierna tras un error médico, estudia Turismo en la Universidad Christ Church


londres / e. especial la voz

Desirée Vila respira aliviada. Ahora cree que puede pasar página y vivir una vida que cambió por completo por una mala caída y la tardanza en operar su pierna derecha, que terminó con la amputación de la misma. El juzgado de lo Penal número 3 de Vigo condenó a dos años de prisión y cuatro de inhabilitación al traumatólogo encargado de tratarla, considerándole responsable de un delito de lesiones por imprudencia.

Desirée reconoce que la semana fue «dura pero no tanto como la del juicio», cuando tuvo que revivir todo lo que le había pasado y se dio cuenta de que había cosas que no tenía superadas y tuvo que «aguantar muchas mentiras», añadiendo como el acusado tiene derecho a defenderse, «pero no de una manera tan brusca».

La sentencia también fue histórica desde el punto de vista de la indemnización, cifrada en 2.154.684 euros. Desirée reconoce que está «muy bien» porque fue lo que habían calculado, ya que la mayor parte de la cifra se irá los gastos que conllevan las prótesis, la ortopedia y curar las secuelas. Así, reconoce que ella y sus padres se sienten «satisfechos». Pero ahora, con 18 años es una estudiante de primer año de estudios de Turismo en la Universidad Christ Church, en Canterbury, en el sureste de Inglaterra. Su reto, mejorar el inglés, aprender francés e irse de Erasmus a Malta el año que viene, donde mejorará el italiano. Ciudad famosa por su catedral y por ser el principal centro religioso del Reino Unido, Desirée pasa inadvertida mientras se mueve a pie por sus calles peatonales.

Su primera toma de contacto con la ciudad fue con su madre. Vieron las instalaciones, las opciones de alojamiento. De inmediato detectaron que era una buena elección. Después se trasladó para el comienzo del año universitario con la ayuda de su padre y su hermano. Ahora recibe con alegría las esperadas visitas de su novio, quien vive en Madrid y al que ve cada varios meses.

Pasadas las primeras semanas sin conocer a nadie, ahora esta viguesa reconoce que le gusta la vida en Inglaterra. La Universidad se vuelca en ayudar a los estudiantes extranjeros con clases de idiomas extraordinarias para mejorar el inglés académico y también ofreciendo oportunidades de voluntariado colaborando con organizaciones de la zona. Con ellas precisamente Desirée ha encontrado una actividad que encaja a la perfección. La joven dedica su tiempo a dos de ellas.

Unos días colabora en una tienda vendiendo objetos y ropa de segunda mano. La tienda está en la calle principal de Canterbury, aquí etiqueta los productos, los vende, los coloca y charla con los clientes. El dinero recaudado va destinado para ayudar a la lucha contra el cáncer. Además, también va a un centro de día para la gente sin hogar. Aquí prepara el desayuno y la comida para una docena de personas, incluyendo las famosas beans británicas. Le gusta escuchar sus historias y servir de ayuda. Desirée sabe la importancia de desahogarse y de tener a alguien con quien hablar. «La mayoría se van a las 4 de la tarde del centro a dormir en la calle y aquí hace mucho frío por las noches, este país es muy adelantado para unas cosas pero para otras no tanto», reconoce.

 «Estoy aprendiendo a correr»

Cada día Desirée va al gimnasio. Apenas tiene que cruzar una calle desde su residencia universitaria en Canterbury. Entrena una hora y media diaria. La localización está escogida a propósito, para que sea fácil y la distancia no impida la visita diaria. En la escalera, una cita de Michael Jordan que parece escrita directamente para la viguesa anima a los usuarios a conseguir las cosas que se proponen. Las paredes en verde fosforito le dan alegría a la sala. Nada más entrar ya la llaman por su nombre. El monitor le ha cogido cariño tras hablar con ella los últimos meses: «Es muy buena chica». En el vestuario las paredes están pintadas en rosa. Aquí Desirée tiene que cambiar la prótesis para poder correr y usar las máquinas.

«Ahora voy poco a poco, estoy aprendiendo a correr y con mejorar un poco cada día ya me siento satisfecha», cuenta. Reconoce que haber sido deportista de élite le ayudó a superar su situación, sobre todo psicológicamente, haciéndolo mucho más rápido que cualquier otra persona. Pero además menciona una serie de valores que también estuvieron ahí para ayudarla cuando más lo necesitaba. «Tenía la constancia, el no rendirme, el seguir y seguir», añade.

Desirée explica cómo los días que tenía que ir a rehabilitación los vio como las jornadas de entreno cuando hacía gimnasia. Su objetivo no era otro que adaptarse a la prótesis lo antes posible y poder caminar. La estancia en el hospital y la amputación de la pierna derecha la dejaron muy débil: «Fue duro conseguir fuerza en el muñón, fue como volver a empezar».

Quizás lo que más le costó fue darse cuenta de que no podía volver a hacer gimnasia. «Fue muy brusco la manera en la que tuve que abandonar mi carrera deportiva», puntualiza. Ahora puede hacer una vida casi normal. Le cuesta subir escaleras pero en dos segundos es capaz de hacer una pirueta en medio del patio. Cuando está en Galicia también le gusta ir a la piscina, pero ahora reconoce que aquí no tiene tiempo para más.

Desirée es consciente de que no puede pasarse con las cenas de Nochebuena y las comidas de Navidad y acabar cogiendo esos kilos de más tras los días de excesos. La razón no es otra que tiene que tener un control estricto sobre su peso para que no varíe el tamaño del muñón donde van encajadas las prótesis. Lamenta que la gimnasia rítmica no sea un deporte paralímpico, pero reconoce que el deporte siempre estará presente en su vida. De hecho, estudia Turismo con la idea de especializarse en el estudio de las ciudades que albergan Juegos Olímpicos y saber qué tipo de personas las visitan después de la cita deportiva, qué actividades pueden desarrollarse en ese espacio y el tipo de turismo que les puede seguir dando vida.

En su próxima visita a Londres, conectada con Canterbury en un tren que tarda apenas una hora de viaje, reconoce que dará un paseo por la zona de Strafford, donde están la mayoría de las instalaciones de los Juegos Olímpicos del 2012 y que todavía no ha visitado.

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