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Un derbi a tiempo parcial

Escasearon las ocasiones y la calidad y sobraron las precauciones en un duelo que sí fue intenso


Dos no se pelean si uno no quiere. Ayer, en Riazor, ni el Dépor llegó a tiempo para poner todo lo que se esperaba ni el Celta arriesgó como en otras tardes. Quizá, porque para el conjunto coruñés no era malo perder y porque el cuadro vigués, sin apenas descanso tras su viaje a Rusia, hubiera disfrutado más del descanso que de un incómodo derbi en terreno del vecino.

El plan

Un Dépor paciente y un Celta menos osado. Premió Pepe Mel a los protagonistas del triunfo frente al Barcelona, con la inclusión de Luisinho por Navarro y Mosquera por Carlos Gil, en un significativo gesto de precaución para fortalecer el centro del campo. Y le salió más o menos lo que se esperaba, un equipo un tanto pesado, fiable atrás apenas concedió más ocasión que la del gol-, pero demasiado previsible y excesivamente dependiente del balón parado y de las incursiones por la banda del incansable Juanfran.

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Un derbi obliga a no dejarse nada o, cuando menos, a mostrar que se pone todo. Y eso hizo Berizzo, que se encontró con un rival paciente, más intenso que atrevido. Regaló el balón el Dépor, por lo que el Celta no tuvo necesidad someterse al esfuerzo de presión que acostumbra para recuperarlo. Tuvo el balón, pero careció de profundidad e intención.

El desarrollo

Más intenso que brillante. Probablemente, el plan de Pepe Mel preveía un partido largo e intenso, un duelo de desgaste al que pensaba sacarle partido a medida que avanzaran los minutos. Y lo cierto es que el asunto no pintaba mal para su plan. El Celta apenas inquietaba a Lux y hasta la entrada de los jugadores que deberían marcar la diferencia -Carles Gil o Andone- las contadas ocasiones eran blanquiazules. La entrada de Gil y de Andone no modificó el plan inicial. Ni el Dépor se volcó en pos de un triunfo casi definitivo para encontrar la tranquilidad ni el Celta entendió que había llegado la hora de refugiarse en campo propio.

El desenlace

Decidió Aspas. Le ha llevado su tiempo entender su papel en los derbis, pero ayer Iago Aspas no solo decidió el duelo con su indudable olfato goleador. Antes, había echado una mano a su equipo donde entendía que hacía falta. Ejerció de termómetro de un grupo en el que se siente -y es- importante, ayudó al centro del campo y puso el broche con su pegada -21 goles en la temporada, 15 de ellos en la Liga- a una jugada que nació en el incasable Was y mejoró el inesperado Beauvue.

¿Justo? El Celta aprovechó su única ocasión frente a un Dépor que tampoco disfrutó de demasiadas y que quizá careció de arrojo para haberse decidido antes a buscar el triunfo.

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