La apoteosis de Ronaldo

Miguel Álvarez LUGO / LA VOZ

DEPORTES

Rafael Marchante

El portugués asombra a Europa en el mejor momento de su carrera

21 nov 2013 . Actualizado a las 19:55 h.

Un nuevo impulso hacia la excelencia. Cristiano Ronaldo guio a la selección portuguesa hacia el Mundial de Brasil con un brillo deslumbrante. Con las virtudes de un atleta del balón. Lo hizo después de prender fuego a las congeladas tierras nórdicas. Tres zarpazos en algo menos de media hora enviaron a la lona a la Suecia del coloso Ibrahimovic. Una exhibición que le sirvió para reivindicarse como un portento del deporte y para volver a pedir -desde el silencio y los tantos- su segundo Balón de Oro. Y también para ahuyentar los fantasmas que apuntaban a que el tren de su posible último Mundial (tendrá 33 años en Rusia 2018) podría pasar de largo.

La trayectoria de Cristiano Ronaldo ha sido meteórica desde que dio el salto al fútbol profesional. El crecimiento ha sido imparable desde que daba sus primeros pasos con el Sporting de Lisboa (5 goles en 31 partidos en el curso 2002-2003), el Manchester United, o desde que el gran público se familiarizó con él en la Eurocopa de 2004 en su país. A sus excelentes condiciones físicas y su afinado instinto asesino, le ha agregado el poso de la veteranía, la capacidad para reconocer el momento idóneo para fundir a sus presas.

Letal al contragolpe, al portugués nadie le discute que es, a día de hoy, uno de los mejores futbolistas del mundo con espacios. Su técnica de carrera se base en la potencia, y su zancada al esprint alcanza los 1,7 metros. Pero sus recursos no se reducen a los lances a campo abierto. Los tres goles marcados contra Suecia fueron solo una pequeña muestra del arsenal que el de Madeira guarda en la trastienda. Potencia, velocidad y precisión en el golpeo se mezclaron en su tarjeta de visita, para desesperación de Isaksson, portero de los nórdicos. Pero en la recámara permanecieron otras diabluras, como su poderoso golpeo en las acciones a balón parado (desarrolla un tiro que ronda los 130 kilómetros por hora) o su fuerza en el juego aéreo.

El portugués le puede pegar al balón con las dos piernas. Y va como los ángeles por alto, no solo por su potencia de salto, sino por su capacidad para flotar unos segundos más que sus rivales. Se eleva 78 centímetros en vertical desde parado y, para hacerlo, emplea una fuerza de 5g.

Un cohete con el balón

Cristiano Ronaldo destacó desde que dio sus primeros pasos en el fútbol por su enorme capacidad física. Desarrolla una enorme velocidad con el balón en los pies (según un estudio, con 34,1 kilómetros por hora, es el más rápido del planeta en esta faceta por delante de Robben y Walcott).

La evolución durante la última década ha sido continua. Desde sus inicios, ha exprimido su potencia y velocidad por la banda (alcanza velocidades de hasta 33,6 kilómetros por hora) y ahora ha llegado al culmen de su carrera como un futbolista total. Competitivo y orgulloso, transforma cada desprecio en un desafío. Y, a base de goles -esta temporada acumula 24 en 17 encuentros con el Real Madrid y 8 en 5 apariciones con su selección-, se reivindica, entre otros, ante un Messi que lo ha apartado a un segundo plano en las últimas temporadas.

A sus espectaculares condiciones físicas (solo 3% de grasa corporal), Cristiano ha añadido la dosis que le faltaba de poso y madurez para afrontar el momento culminante de su carrera. La Champions con el Real Madrid, el Mundial con su selección o el reconocimiento personal son sus retos cercanos.

Alex Ferguson se deshizo en elogios hacia él en 2009, después de que el de Madeira concretase su fichaje por el Real Madrid. Lo colocó un escalón por encima de Messi. Los balones de oro no le dieron la razón. Pero los números son deslumbrantes. Ha marcado 225 goles en 216 intervenciones con el equipo blanco. En el Manchester firmó 118 en 292 partidos. El argentino acumula 327 tantos en 395 encuentros con el Barcelona.

No hace mucho tiempo, a Cristiano le acusaban de diluirse en partidos clave. Anteayer, contra Suecia, dio una muestra más de que su capacidad de liderazgo y su espíritu colectivo han crecido.