Triatlón

La Fuga de Alcatraz, por dentro

Gómez Noya explica su experiencia en un reto diferente, en el que apenas pudo calentar, nadó tras la estela de un barco y fue golpeado por un perro

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El título en la Fuga de Alcatraz de triatlón deja una estela para Javier Gómez Noya. El ganador explica en primera persona todo lo que convierte en singular su victoria en San Francisco.

El despertador, a las 4

El desayuno, en la habitación

La víspera empieza la preparación de una carrera que comienza a las 7 y media de la mañana y exige un madrugón atípico a las 4. «Como en el hotel no habría bufet para desayunar, compramos antes lo necesario: pan, mantequilla, mermelada, cereales, pavo, fruta... Hicimos todo en la habitación».

La logística, diferente

Viaje en ferri hasta la isla

«Tuvimos que dejar todo el material en la zona de transición con mucha antelación. En este caso la carrera no empezaba allí. Nos llevaron en autobús al embarcadero y en ferri junto a la isla de Alcatraz a los dos mil participantes», explica Gómez Noya sobre la singularidad de la prueba, en la que compiten cientos de deportistas populares.

Casi sin calentamiento

Una goma para hacer estiramientos

El desplazamiento en barco altera las rutinas de los participantes, todavía de noche cerrada en San Francisco. «Casi ni se calienta. Para activarme, hice un poco de bicicleta, carrera, estiramientos y ejercicios de fuerza antes de dejar el material en la zona de transición. Pero hora y pico antes de la salida ya estás en el barco. Así que llevé una goma para calentar allí la musculatura del tren superior porque el agua tampoco la tocas antes de la competición», explica el ganador de la prueba. «Dada la fría temperatura del mar, había participantes preparados para el frío de las maneras más diversas, con escarpines, capuchas, protección hasta en las manos... Ya nadando, con la adrenalina, no pasé tanto frío como creía, aunque esta parte se me hizo larga y mi tiempo, por los condicionantes, no fue bueno», matiza Gómez Noya.

Salida desde un barco

Junto a Alcatraz, todos al agua

«La salida de la prueba no se hace exactamente desde la isla, sino que la organización detiene el barco al lado. Todo se prepara para que los participantes pasen al otro lado de una valla en cubierta y se tiren por la borda», explica Gómez Noya.

A nado, sin referencias

La niebla impedía ver la costa y seguían la estela de un bote

El inicio de los 2,3 kilómetros a nado fue lo más duro para el triatleta ferrolano. «Estaba subiendo la marea. Había viento y corrientes en contra, frío y oleaje. En ese sentido, fue la natación más dura que tuve nunca. Llevé gorro de neopreno y me puse vaselina bajo el traje. Tras diez minutos nadando, veía la isla en el mismo sitio. Casi no nos habíamos movido», explica. Entre la bruma, no tenía la referencia del punto hacia el que debía ir. «Una embarcación fue abriendo la carrera, guiándonos en la niebla. Nos habían dicho que debíamos seguir la boya naranja que llevaba detrás. Hizo un recorrido extraño y luego fue en paralelo a la costa, porque era la mejor manera de evitar las peores corrientes de la zona central entre la isla y el punto de destino»; matiza.

Sobre la bici, en solitario

El momento de abrir un hueco suficiente

«Salí del agua junto a Cesc Godoy, pero le pasé a los dos kilómetros y pronto ya pude ir abriendo hueco. Iba fuerte en un circuito en el que no hay ni un metro llano. Pero pensé que algún rival me cazaría por detrás. Cuando vi que tenía un margen suficiente y que me bajaría de la bici de primero, apreté para tratar de solucionar la carrera ahí. Si terminaba esos 28 kilómetros con ventaja, no debería de haber problema», explica Gómez Noya. Como en muchas carreras en Estados Unidos, no se podía ir a rueda. Afrontó en solitario un «circuito duro con repechos muy fuertes y un trazado irregular, con grietas y baches en el asfalto. En el camino de vuelta me crucé con participantes que ya iban tocados», añade.

Carrera a pie accidentada

Extenuante parte por la arena y choque con un perro

El escenario de la carrera incluye parajes icónicos. «Al principio de los 12 kilómetros a pie vas por el paseo junto a la playa. Luego llegas a la zona del Golden Gate, subes escaleras camino de un parque, la parte más dura, con subidas, bajadas, terreno de tierra, escalones... Luego se corre por la playa, en una zona en la que te hundes bastante. A la salida del arenal hay 200 escalones de tablones, con arena entre ellos. Hay que ir con cuidado. A continuación afrontas otra cuesta. Es la parte más pesada, y con arena se hace muy dura». Además, tuvo un percance al cruzarse con un perro: «Un labrador se metió en el circuito, desorientado. Al pasar me impactó en el cuádriceps, y paré un instante antes de seguir con ciertas molestias. Aún tengo dolor por la magulladura».

Conclusiones

Un test positivo que refuerza su confianza

«La Fuga de Alcatraz no tiene nada que ver con otras carreras, que son mucho más rápidas, por el clima más suave y por el terreno regular en el que se desarrollan. Las sensaciones fueron muy positivas, aunque en la parte a pie no llegué a probarme a tope», matiza el ganador.

Javier Gómez Noya, al atravesar la meta en San Francisco.
Javier Gómez Noya, al atravesar la meta en San Francisco.