Indetectable y con uso entre deportistas

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El IGF-1 es un factor de crecimiento relacionado con la insulina, llamado también somatomedina, una sustancia con utilidad clínica en casos muy concretos -alternaciones de crecimiento en niños, como la hormona de crecimiento-.

Se trata de una proteína con muchos aminoácidos y con efecto similar a la hormona, desde el punto de vista de la mejora del rendimiento. Aumenta la síntesis de proteína, la cantidad de masa muscular y, por tanto, la fuerza. De ahí su utilidad en varios deportes de potencia.

Como otras sustancias no detectables, tiene una gran difusión entre los deportistas, como pasó antes con la hormona de crecimiento. No se detecta porque tiene producción endógena (por el propio organismo) y es difícil de diferenciar de la que se fabrica por ingeniería genética. Además, el sistema de detección es muy caro, como pasa con la epo.

Aunque no se descubra la sustancia en el organismo, no significa que no haya posibilidad de sanción. Las infracciones se basan en más razones que la detección, como el tráfico -penado con penas mayores al consumo del producto-, el uso o intento de uso de una sustancia, las delaciones... Recordemos que Lance Armstrong fue sancionado sin que se hallase un ultramicrogramo hasta hoy.

El uso legal de la IGF-1 está muy controlado. En España solo se admite su prescripción en caso de una deficiencia severa del factor de crecimiento, de origen primario. Es decir, apenas está extendido a nivel clínico.

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