Complicaciones en cadena


Tres problemas relacionados. El caso de Begoña Garrido comienza con una deformidad de Haglund -una prominencia en el calcáneo-, que provoca una bursitis, y ésta, al estar la zona muy debilitada, causa luego una rotura parcial en el tendón de Aquiles. Si hubiera parado al principio quizás no habría ido a más, pero eso en el deporte de élite es complicado. En su caso, se buscó antes un tratamiento de fisioterapia, para evitar el quirófano. Las infiltraciones hacen mejorar momentáneamente, pero su efecto es pasajero porque no atacan las causas.

Esta lesión es frecuente en atletas. Al tener el hueso calcáneo prominente, llega un momento en que se inflama la zona final del tendón de Aquiles, donde se une con el hueso. Así se produce una bursitis retrocalcánea. Al empeorar todo, el tendón sufre una rotura parcial.

La intervención quirúrgica no es complicada ni agresiva. Los plazos son variables. En un mes, se puede caminar con cierta normalidad, en dos o tres, hacer bicicleta, piscina y gimnasio -para parar lo menos posible-, y así meter ya carrera a partir del tercer o cuarto mes. El nivel previo se alcanza entre los seis meses y el año, para poder entrenar a diario a plena intensidad.

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