Recién terminada la primera serie de K-1 200 metros, se juntan en el pantalán del lago de Dorney la gallega Teresa Portela y la iraní Arezou Hakimimoghaddam. Los extremos se tocan, porque una, veterana y laureada, acaba de ganar su serie, mientras que la otra, una jovencita de 17 años, todavía verde para un deporte de maduración tardía, llega otra vez de última, igual que en el K-1 500.
Portela se acerca a la niña y estrecha su mano en un gesto de complicidad. «Aprendí la técnica de paleo viendo vídeos de ella cuando era más joven», explica sonriente Hakimimoghaddam, tocada con un pañuelo, bien tapada, y en un inglés que ya quisieran muchas adolescentes españolas.
«La conozco de otras competiciones anteriores, alguna Copa del Mundo. Así que tenía ganas de felicitarla por su victoria», explica la iraní. Portela le transmitió confianza y la animó a seguir progresando.
Solo ocho iraníes
«Tengo solo 17 años, así que aún tengo tiempo para mejorar», indica la iraní, acompañada por uno de los responsables de su federación. Solo ocho mujeres iraníes pudieron competir en los Juegos de Londres 2012.
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