El día de la espantada de Primitivo Ferro

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Para desesperación de aficionados, futbolistas, técnicos y demás empleados del Club Deportivo Ourense, el anuncio de la marcha de Manolo Seoane el pasado 4 de junio fue la chispa que encendió una traca demasiado estruendosa.

Aunque el hoy expresidente de la entidad fijaba como plazo el 19 de julio, fecha en la que una junta general de accionistas hacía efectivo su adiós, nadie respondió al llamamiento. El club iniciaba, por Ley, una causa de disolución que parecía increíble, después del éxito del anhelado ascenso a Segunda B, pero lo cierto es que nadie asumía la responsabilidad y se abría una fase de vacío de poder que terminó por ser toda una losa para el ourensanismo.

Aunque Seoane, Feijoo y Rodríguez Quiroga realizaron un esfuerzo importante contra corriente para salvar los muebles de la sociedad anónima, sí se equivocaron en la forma de entregar el testigo y muchas personas creyeron que no se irían.

Pero, por añadidura, el club de O Couto es especial y solo entre sus vetustas paredes puede presentarse a un presidente que no está. Ayer Estévez Rodríguez habló por voz de Fernández Morgade y José Luis González, que reconocían su sorpresa el día que supieron de la rueda de prensa de Primitivo Ferro. Este abogado, con el cartel de consejero del Celta de Vigo, se presentó como futuro regidor de la entidad ourensanista, a falta de una revisión de las cuentas. Ayer dijo Diego donde había dicho presidente o, lo que es lo mismo, se borró del mapa.

De los recién llegados, sorprende en cambio que hubieran esperado hasta última hora para poner las cosas claras. Ourense es así, peculiar.

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