sin rodeos

La ronda gala mantiene su credibilidad

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El caso Frank Schleck, que se suma a los que han afectado a los mejores ciclistas del Tour en los últimos 18 años, resucita dudas sobre la honestidad de los participantes en la prueba francesa. Me preguntan si la ronda gala todavía resulta creíble. Mi respuesta clara es «sí».

El dominio del equipo SKY está levantando sospechas, comprensibles dados los casos anteriores (esos en los que se extiende el reportaje de hoy). Pero yo, aunque conozco el mundillo y en el mismo sigue habiendo mucha gente con cosas que ocultar -aparte de los que han confesado para poder seguir dentro- quiero creer que el uso de sustancias prohibidas disminuye. Las cosas del «creer» no suelen tener fundamento; son intuiciones, suposiciones o iluminaciones. Del mismo modo creo que en otras categorías del ciclismo se siguen usando cosas que ya no aparecen por el pelotón profesional, ya que los controles son mucho menores por no decir inexistentes.

Cierto es que se sigue intentando burlar esos controles con sustancias enmascarantes, otras indetectables o dosis pequeñas; pero a la vista está que se acaba pillando a algunos de los tramposos. ¿Es Schleck uno de ellos o una víctima del estricto sistema? Por ahora no me atrevo a sentenciarle. En su contra juega ese pago en el 2006 a Eufemiano Fuentes. 6.000 euros no se dan para pedir asesoramiento sino «poción mágica». Y que el diurético, sin ser algo que directamente pueda aumentar el rendimiento, puede servir para enmascarar o eliminar lo que truca el motor. Con o sin dopaje intencionado, se le ha pillado; eso es lo que me hace creer en la limpieza de los primeros del Tour, sometidos a más controles que Frank quien apenas estaba brillando.

Las medias de «treinta y poco», el que algunos ilustres -Evans ayer- se descuelguen sin ataques y que se sepan ultravigilados refuerzan mi creencia. Llámenme iluso, pero es que me gusta tanto este deporte con el que me gano la vida hablando y escribiendo (y que practico todo lo que puedo) que me resisto a creer que las carreras se siguen ganando por la sabiduría -maliciosa- de los médicos más que por la estrategia de los directores y la capacidad natural -con el entrenamiento adecuado y las ayudas médicas permitidas y necesarias- de los ciclistas.