La pasada temporada balompédica terminó del mejor modo posible para un Club Deportivo Ourense que, después de tres intentonas fallidas, era capaz de regresar por la puerta grande a la Segunda División B. Pero el trasvase entre uno y otro curso está resultando más convulso de lo esperado, por distintos motivos.
Un turbulento éxito
El título liguero y el posterior ascenso se lograron a lo largo de un año con muchas subidas y bajadas. La marcha de los gestores que habían ideado -y acertado de lleno- en el proyecto deportivo evidenció los problemas con los representantes de los accionistas mayoritarios, que pretendían otro camino para el proyecto económico. Aunque el grupo de Seoane rectificó a tiempo y la etapa de Luisito también fue rodada en cuanto a bagaje deportivo, quedan muchos frentes abiertos en la faceta económica.
Se agotan las subvenciones
Si son malos tiempos para la inversión privada en el deporte, las instituciones también están aplicando un tijeretazo tras otro al club rojillo. En los tres últimos años, la Diputación bajó un diez por ciento de su asignación, hasta dejarla en poco más de 127.000 euros y el Concello también está en la misma línea. Los últimos recortes retrasaron el pago de las nóminas a los futbolistas y todavía están pendientes primas y alguna partida de atrasos pendientes de pagos.
Obligaciones a largo plazo
Si el Ourense apretó su cinturón para derivar a la amortización de deuda a largo plazo -un plan de pagos a 20 años- buena parte de su presupuesto de cada curso, ya no ha podido bajar más allá de los casi 768.000 euros en la pasada campaña, una cifra a la que Seoane se ha visto obligado a realizar numerosos ajustes, por los problemas que arrastró el club.
Junta Extraordinaria
Aunque Luisito trabaja sobre la base de un presupuesto austero para su plantilla, la junta del próximo 19 de junio ha retrasado buena parte de la planificación, tanto a nivel de campaña de captación de abonados, como en la confección del equipo.