España-Italia, una final de la Eurocopa para entrar en la leyenda

España busca ante Italia su tercera corona consecutiva, algo inédito en el fútbol mundial

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El último escalón. Lo que cuatro atrás era un sueño imposible, esta noche, el Olímpico de Kiev, puede convertirse en realidad. Entonces, el fútbol español todavía caminaba inseguro en las grandes citas, chocando abruptamente con el muro de cuartos o de octavos de final en las grandes citas. Pero la coleccionista de fracasos, la selección acomplejada y poco fiable que se estrellaba a las primeras de cambio es hoy un grupo fiable y competitivo, propietario de un modelo que alumbró Luis Aragonés y regó la sensatez y bonhomía de Vicente del Bosque. Cuatro años, tiempo para firmar lo que nadie ha conseguido. Ni la Alemania de Beckenbauer, la Francia de Zizou o el histórico Brasil. España está a las puertas de la conquista de tres grandes títulos consecutivos.

Una nueva era

Tanto ha cambiado el fútbol español que ni siquiera la antaño temible Italia provoca más temor que el de un rival que, como es tradicional, se ha sobrepuesto a una trayectoria irregular tras llegar a Polonia envuelta en el terremoto que provocaron las apuestas ilegales en el Calcio. Tampoco es una sorpresa, el fútbol italiano ha salido victorioso de cada uno de sus periódicos episodios de corrupción. Italia es más fuerte en la adversidad. Lo demostró en los Mundiales del 82 y del 2006. Y ahora, la azzurra menos italiana que se recuerda, vuelve a amenazar. Esta vez envuelta en un modelo poco reconocible para sus aficionados y un estilo en el que cabe más de un fantasista, después de que el sensato Prandelli haya entregado la batuta a un director de orquesta (Pirlo) delicado y sutil y haya confiado su ataque en un par de heterodoxos (Balotelli y Cassano). Sufrió para pasar la primera fase, algo que no había conseguido en Sudáfrica, y se benefició de la honestidad española para seguir adelante, pero por el camino ha dejado a sus víctimas favoritas, Inglaterra y Alemania.

El mundo al revés. Italia comienza a alejarse de su tradición en la misma medida que la nueva España ha huido de su apelación a una furia que coleccionó fracasos. Ahora, el equipo de Del Bosque se aferra al balón para defender y atacar. Para defender, porque no es casualidad que desde que cayó eliminada por la Francia de Zizou en Alemania 2006 no haya vuelto encajar un gol en una eliminatoria: diez partidos, 900 minutos imbatida. Para atacar, porque el modelo, siempre reconocible, consiste en apropiarse del juego y armarse de paciencia hasta encontrar una solución que siempre llega. Con un portero para recordar, un grupo de defensas que se atreven a desafiar el destino incluso en una tanda de penaltis y una colección de centrocampistas irrepetible.

El cercano precedente (1-1) invita a la precaución. Entonces, Italia encontró el antídoto en la presión. Hoy, España necesita más velocidad para madurar a un rival que también quiere parecerse a España, pero que conserva muchas de las señas que lo han llevado a la conquista de 4 Mundiales. ¡Qué mejor rival para conquistar el reto imposible, y entrar en la leyenda!