El campeón de los siete Roland Garros es un deportista superlativo, pero un chico sencillo y humilde. Cinco personas que en distintas etapas de su vida formaron parte de su círculo íntimo trazan para La Voz su perfil. Coinciden su docilidad para el trabajo cuando era niño, que luego convirtió en voracidad como competidor.
Toni Nadal
«Muy disciplinado»
El personaje clave en la vida deportiva del siete veces ganador de Roland Garros, Toni Nadal, agradece la predisposición que tuvo para el trabajo desde muy niño: «Siempre fue muy dócil y disciplinado a la hora de trabajar». Luego, transformó su profesionalidad en ansia competitiva.
Jofre Porta
«Siempre fue muy positivo. Ya de niño focalizaba los sentimientos en la buena dirección»
Jofre Porta trabajó con Carlos Moyá primero, y con Rafa Nadal de los 10 a los 17 años, en la Escuela Balear del Deporte, aunque su entrenador seguía siendo su tío. Explica que muy pronto se vio «que sería un grandísimo jugador», algo a lo que su familia no dio importancia. «Sus padres iban muy despacio con él, pero las cosas sucedían rápido. El artífice de todo es Toni, fantástico educador que le llenó de lecciones de humildad» explica el técnico catalán. Y aporta anécdotas de todo tipo. «Yo soy de Barcelona, y en Mallorca siempre vi que el divo cae mal. Él es el antidivo. De niño negaba que tuviera contrato con Nike porque le daba vergüenza», comenta sobre el contrato de patrocinio. Competía con ambición pero sin presiones: «Siempre fue muy positivo. Ya de niño, focalizaba los sentimientos en la buena dirección. Le vi jugar a 9 juegos y remontar marcadores de 8-1 adversos. Justo antes de la final del [torneo nacional para niños sub-14] Sport Goofy estaba jugando al fútbol con todos, como si nada». Luego su tío siempre le recetó «humildad, también de mayor». «Recuerdo un año que su tío le impidió ir al hotel al que iban los mejores en el Open de Australia, como le correspondía, porque dijo que era muy pequeño para ir a uno tan bueno», añade Porta.
Marc López
«Viví con él la derrota ante Soderling en París, el palo más duro, y no puso ni una excusa»
Marc López tiene tres años más que Nadal. Se conocieron muy jóvenes, y luego se hicieron íntimos. «Nadie se puede poner la medalla de haberle descubierto. Yo vi ya muy pronto que sería muy bueno, como lo sabía todo el mundo», recuerda. Años más tarde, se convirtió en su pareja de dobles por casualidad. La decisión casi ni siquiera la tomó Nadal. «Él jugaba con Tomeu Salvá, que a finales del 2008 iba a dejar el tenis. Tomeu se enteró de que Rafa y yo empezábamos la temporada en Doha y me dijo, ?voy a preguntarle si jugáis de pareja ese torneo?. Lo vio bien, ganamos aquel torneo y seguimos juntos», explica. Así empezó su amistad más íntima, que le llevó a acompañar a Nadal a algunos torneos como parte de su equipo. «Viví con él la derrota ante Soderling en París, el palo más duro, y no puso ni una excusa. Eso que era un momento delicado por todo, las lesiones de rodilla, la separación de sus padres, que jugó mal y era el máximo favorito...», recuerda López. Pero a continuación evoca la actitud con la que encara las adversidades. «Lo encajó bien. De esas cosas se aprende. Al final es tan bueno mentalmente que le intenta ver la parte positiva», indica.
Tomeu Salvá
«Tenía claro desde muy joven que se quería dedicar al tenis y estar en lo más alto»
Rafa Nadal creció compartiendo entrenamientos con Tomeu Salvá, otro niño prodigio, pero que no llegó a triunfar luego como profesional. Es uno de sus amigos íntimos, y vio muy pronto que tenía cosas que le faltaban a los demás. «Era más maduro que yo o todos los chavales de nuestra edad. Tenía claro desde muy joven que se quería dedicar al tenis, y no solo eso, sino estar en lo más alto», indica. No ve diferencias entre su imagen pública y su cara real. «Tal como se ve en la pista, es fuera, un chico humilde y sencillo, entregado a su familia, sus amigos y su gente. Pese a la vida tan complicada que lleva, siempre se preocupa por sus amigos de siempre», comenta Salvá. Y añade otro detalle: «Es competitivo en todo, al golf, pescando y al fútbol», matiza.
Toni Colom
«En el torneo de Vigo del 2002 seguía siempre las mismas rutinas, como hoy»
Toni Colom entró a trabajar en la Escuela Balear del Deporte al mismo tiempo que ingresó Nadal. «Allí empecé a entender por qué era tan bueno. Le ponía una intensidad increíble a los entrenamientos, prestaba atención siempre, obedecía a la perfección a todos. Ya en el trayecto en coche, en esos 50 minutos de Manacor al centro, Toni le iba mentalizando de cosas. Su trabajo era admirable», explica. Luego, como responsable de los chicos que daban el salto a torneos ATP satelites (hoy futures), le tocó viajar con Nadal. «De nueve torneos, ganó seis, y en un año ya pasó a jugar challengers, los torneos de siguiente categoría, cuando otros tardan tres o cuatro años en dar ese salto». Colom siguió viajando con él durante años. «Con 15 años tenía la madurez deportiva de alguien de 30. No se quejaba de nada, no echaba la culpa a factores externos, razonaba cada partido al máximo. Y era ambicioso. Yo veía un cuadro muy difícil, y él me decía ?tengo opciones?». Un monstruo como competidor, un niño desenfadado fuera de la pista. «En el torneo de Vigo en el 2002 seguía siempre las mismas rutinas, como hoy. De camino al hotel, quería parar todos los días en un chiringuito de golosinas, porque había ganado partidos con este hábito». Nadal creció rápido, y muy joven estaba disputando los Masters 1.000 de Toronto y Cincinnati con Colom a su lado. «Encajaba cualquier cosa que le dijeses. Es lo que hoy le diferencia de otros monstruos, su capacidad para la autocrítica, y que deja que Toni tenga la llave de su carrera», asegura Colom.