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Rafa Nadal, el beso a Xisca y la celebración más efusiva en Roland Garros

El tenista balear festejó con más intensidad que nunca su triunfo sobre Novak Djokovic

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Rafael Nadal tenía una espina clavada mayor que la posibilidad de vencer su séptimo Roland Garros y entrar así en la historia del tenis mundial. El tenista balear festejó con la intensidad propia de un debutante su nuevo éxito en París, porque consiguió vencer a Novak Djokovic en la final de un Grand Slam, después de los reveses sufridos de manera consecutiva desde marzo del 2011 y que logró empezar a enderezar en Roma y Montecarlo.

Nadal saltó como hiciera en su primer triunfo en París, impulsado por su musculatura a pulso hacia la grada de la pista central de Roland Garros. Se fundió en vehementes abrazos con toda su familia, su equipo, e incluso en un fraternal y sentido achuchón con Pau Gasol. Besó a su madre y hermana, se lanzó en brazos de su tío y preparador Toni... Incluso, en una muestra de afecto muy inusual, besó en la boca a su novia de toda la vida, Xisca Perelló.

Las lágrimas corrieron como la vez en que Nadal, con apenas 19 años, lograba su primera Copa de los Mosqueteros. ¿La razón? Había rebasado el muro mental y tenístico de Novak Djokovic. El serbio, número uno del mundo, le había amargado a Nadal las últimas tres finales de Grand Slam consecutivas. Se apuntó Djokovic ante Nadal los torneos de Wimbledon, US Open y Abierto de Australia, ésta última a cinco sets y ya con la posibilidad de abordar a un tenista en estado de gracia. 134 días desde aquella madrugada del verano australiano, donde Nadal sufría, tal vez, la derrota más dolorosa de su carrera, la final de Grand Slam más larga de la historia que terminaba con la séptima derrota consecutiva en una final contra el serbio.

Nadal dio síntomas de que podría revertir la situación cuando hizo que Djokovic entregara la cuchara en la preparación de Roland Garros. Le batió con claridad en Montecarlo y en Roma, la previa de su triunfo en París. Reestableció el orden, recuperó la confianza y se entregó Nadal a una celebración a la altura de su dimensión histórica.