Roland Garros, después de una primera semana sin grandes sobresaltos, confirma una de las carencias que venimos palpando en el tenis actual. La insólita falta de caras nuevas. No habíamos visto antes una ausencia de jugadores jóvenes en una generación. Y esta situación de parálisis solo la salva el extraordinario talento de Nadal y Federer, con su fantástica rivalidad, a la que vino a unirse Djokovic.
La historia del tenis ha encadenado siempre jugadores de estilos diversos. Borg aportó un cambio al juego con su tenis liftado y su personalidad, luego llegó a continuación McEnroe con su agresividad. Y así se fueron sucediendo estilos distintos, la potencia de Lendl o Becker, la elegancia y el juego completo de Edberg, la inteligencia y equilibrio de Wilander, el ritmo y la capacidad para jugar dentro de la pista de Agassi, el servicio y el juego de ataque de Sampras, la rapidez de Hewitt, la fantasía de Kuerten... El tenis iba evolucionando. Hasta ahora.
Los jugadores anteriormente citados irrumpieron además muy pronto, algo que tampoco me parece imprescindible, pues el jugador evoluciona cuando llega su maduración, y cada individuo es diferente.
Las edades medias en los top-100, 50 y 10 superan los 28 años. No es muy normal. Y menos aún que no haya jugadores esperanzadores por debajo de los 23 años. Desde que se unió Murray, cuya cabeza le impide dar el salto para alcanzar a los mejores, no apareció nadie siquiera para estar entre los 10 primeros.
Los profesionales que viven el día a día del circuito confirman esa idea. No se ve el relevo de jóvenes que lleguen por detrás. El tenis vive de ciclos, pero la falta de relevo es ahora más preocupante que en el pasado.
Si reflexionamos sobre este tema a nivel español, y sin querer ser alarmistas, la situación tampoco parece halagüeña. Se suprimen torneos júniors y futures, los que sirven para foguear a los tenistas, y parece un tema menor porque a menudo solo la élite acapara atención. No lo es.
Una estructura que se derrumba
Con los grandes patrocinadores respaldando las carreras de solo unos pocos jóvenes, esa red de torneos en España, que permita a los jugadores competir con frecuencia, quemar etapas e ir subiendo puestos, resulta fundamental. Sin ella, prosperar resulta casi imposible. Entrenadores como Toni Colom vienen denunciando esta situación, cuyas dramáticas consecuencias se verán próximamente si no se le pone remedio.