El santo de Riazor obró milagros el pasado domingo. En pleno vendaval del Hércules, el Dépor se refugió en la labor de Aranzubia, quien acertó en cinco paradas espectaculares que salvaron a su equipo. El éxito del guardameta acabó por convertirse en la goleada con mejor sabor del equipo coruñés, pues supuso la octava victoria consecutiva de una racha para la historia y llegó frente a un rival directo.
Los minutos mágicos del portero sucedieron en el arranque de la segunda parte, cuando el Dépor dominaba el marcador por un claro 0-2 tras una primera parte en que el Hércules apenas disparó en una ocasión entre los tres palos. Pero tras el descanso asaltó por tierra, mar y aire la meta rival.
A buen seguro que no contaba con la brava resistencia de Aranzubia, quien, pese a la histórica racha deportivista, no figura entre los metas menos batidos de la categoría. Es más, los cinco porteros de los equipos que acompañan al cuadro de Riazor en las plazas de ascenso disponen de mejores estadísticas que el riojano, quien ha encajado los mismos goles que el Numancia y solo uno menos que el Alcorcón. Sin duda, aún acusa el irregular inicio de temporada y que de los ocho últimos partidos en casa solo se quedó imbatido en uno.
El festival de Aranzubia comenzó en un disparo raso y seco de Gilvan Gomes al que el deportivista respondió con una fenomenal estirada y un gesto técnico digno de aplauso, pues no rechazó de nuevo al área, sino que despejó directamente a saque de banda. Sin solución de continuidad, tuvo que volver a tirarse cerca del palo para enviar a córner un latigazo de Urko Vera, quien había recogido un balón suelto en el área al que Colotto no había llegado.
A bocajarro
En la jugada del momentáneo 1-2, antes de que el gigantón del Hércules remachase a la red el centro de la muerte de Peña, Tiago Gomes obligó a volar a Aranzubia. Este respondió con reflejos felinos al disparo a bocajarro del centrocampista, que no se creía haber fallado la ocasión. También Gilvan se frotaba los ojos incrédulo cuando Aranzubia rechazó su remate en el área pequeña. Carlos Calvo centró y Seoane impidió el remate de Míchel, pero el balón quedó suelto para la llegada del brasileño, quien en lugar de remachar sin contemplaciones con el pie, prefirió meter la cabeza y Aranzubia despejó con el pie.
Aún quedaría una nueva clarísima oportunidad alicantina tras el disparo al palo de Colotto en la acción de estrategia del Dépor. En otro centro de Carlos Calvo, Urko Vera impuso sus centímetros para cabecear picado y obligar al portero a tirarse al suelo para rechazar el remate a saque de esquina. La jugada había sido invalidada por fuera de juego, pero el santo no había fallado.