Si a usted le gusta apostar, escoge un partido de fútbol sala, en uno de los banquillos se sienta José Venancio López Hierro (Bilbao, 1964) y se decanta por su equipo, sepa de antemano que tendrá muchas opciones de recibir dividendos. Sobre todo si se trata de una final, porque se le han escapado muy pocas. Es un coleccionista de títulos y este fin de semana ha añadido uno más a su extenso palmarés, otro Campeonato de Europa con la selección española, con la que además está invicto desde su debut en el 2007: 73 victorias y 8 empates.
Algunas vivencias de primera mano y un par de reflexiones de dos colaboradores suyos en la etapa en la que dirigió al Lobelle, con el que conquistó una Copa de España dejando en la cuneta a los tres grandes presupuestos (en aquel momento, Interviú, ElPozo Murcia y Polaris Cartagena), pueden ilustrar el perfil de este ingeniero de telecomunicaciones que prefirió enfocar su vida profesional hacia su gran pasión, el fútbol sala.
La leyenda empezó en Segovia
En una ocasión, Tomás de Dios, el hoy técnico del conjunto santiagués y entonces ayudante de Venancio López, comentó: «Es increíble. Le das un par de ruedas y un manillar y te devuelve un coche de carreras». Le quedó un poco hiperbólica la comparación, porque el entrenador vasco siempre trabajó con buena materia prima. Aunque también cabe reconocer que no siempre fichó a golpe de talonario. Para eso le ha faltado recalar en el banquillo de alguno de los grandes, y todavía no se ha dado el caso.
En Segovia empezó a crecer su leyenda de ingeniería en el fútbol sala. Construyó un equipo ganador y dominador, pero también una estructura de club sólida. Con el Lobelle hizo tres cuartos de lo mismo, sin tantos títulos, pero en una época en la que había mucha más competencia.
En otra ocasión, otro de sus colaboradores preguntaba en el Multiusos de Sar si alguien había visto a Pentium 5. Le añadió un comentario: «Ya sé que no lo han desarrollado todavía, pero seguro que Venancio ya lo tiene. ¿Lo has visto por ahí?» (al entrenador, por supuesto). Lo cierto es que el hoy seleccionador es un abanderado en sacar provecho de las tecnologías audiovisuales e informáticas aplicadas al deporte. Sus sesiones de pantalla, de corte y confección de jugadas después de ver horas y horas de juego del rival de turno, son innegociables. Es estudioso y meticuloso en grado sumo.
Un laboratorio por despacho
Cuando el Lobelle conquistó la Copa de España en Zaragoza batió todos los récords. Enganchaba un día con otro, durante la competición, con apenas un margen de dos horas para el sueño. El día antes de la final hizo un hueco de un cuarto de hora para atender a este periodista en su habitación, reconvertida en despacho. O, más bien, en un laboratorio. Nunca descuida nada.
Su manera de entender el fútbol sala se edifica sobre la defensa de cambios. Exige una coordinación y una sincronización perfectas. Se trata de presionar el balón, más que al rival, y para eso hay que multiplicar ayudas. También obliga a que los jugadores tomen decisiones constantemente. Los equipos de Venancio López podrán estar más o menos acertados, pero siempre son incómodos para sus adversarios. Nunca descansan. Y él tampoco.
Y queda otra piedra angular en la manera de trabajar de Venancio López. La apuntaba Pola en la antesala de la final ante Rusia: «Te convence de que solo vale ganar». Así se explica que España forzase la prórroga a falta de medio minuto, y que fuese superior, a los puntos, del minuto uno al cincuenta. Las cosas podrán salir mejor o peor, pero el equipo siempre tiene respuestas.
josé venancio lópez hierro seleccionador español de fútbol sala