Como todos, sentí tristeza al conocer la resolución del TAS en el caso Contador. Como ciudadano de este país y aficionado al deporte, sentí rabia porque uno de nuestros ídolos quedase mancillado y, de paso, salpicase la buena imagen del deporte español. Dicho esto, cabe preguntarse un montón de cosas que trascienden lo jurídico y procede que todos hagamos una necesaria reflexión. Si el sancionado fuese el piloto Lewis Hamilton o el tenista Novak Djokovic, por poner un par de ejemplos, entenderíamos y justificaríamos, desde nuestra convicción y sentimientos patrios, porque ganaban o ganan a nuestro Fernando Alonso o a nuestro Rafa Nadal.
No hay conjura ni persecución ni contubernio. Hay una resolución arbitral dictada, fundamentada en Derecho, por el más alto tribunal en materia deportiva. Y detrás de esta resolución hay un recurso motivado de dos organismos como la Unión Ciclista Internacional y la Agencia Mundial Antidopaje, los cuales han sancionado anteriormente a atletas de otras nacionalidades y siempre hemos pensado que eran estrictos en cumplir y en hacer cumplir las reglas del juego, en la defensa del fair play, la igualdad entre competidores y la propia salud de los deportistas.
Probablemente, a Alberto Contador no le ha beneficiado su estatus de estrella ni su repercusión mediática y, en este caso, la medida adoptada tenga alguna connotación de ejemplarizante para el deporte a nivel planetario. La resolución del TAS, dictada por un israelí, dos suizos y un holandés -ningún francés- es fundada y extensamente razonada.
Quiero creer que es ajustada a Derecho y, si así no fuese, mecanismos hay para combatirla dentro de los cauces que nos hemos atribuido en esta vieja Europa civilizada y con un garantista y protector sistema jurídico.
No por criticar más al Tribunal de Arbitraje Deportivo o a cualquiera que no sea de nuestro entorno, se muestra más afecto al querido, al propio. Esa cultura de vilipendiar al juzgador no absuelve ni exculpa al encausado.
Ojalá Contador no fuese culpable, ojalá la resolución fuese otra, pero, o nos obligamos a aceptar las reglas que aprobamos, o nos veremos abocados a una quiebra del sistema, ya de por sí denostado. Al fin y a la postre, con o sin chuletón, hay un positivo en clembuterol, por mínimo que este sea.
Miguel Juane es miembro del Tribunal de Arbitraje del COE y juez único de disciplina de la Liga ACT