La advertencia de la FIFA al Deportivo causó gran impacto en el deportivismo, donde un sector no oculta el temor a que la sanción pueda terminar convirtiéndose en realidad. Esto último resulta difícil de admitir, porque significaría una vergüenza para el fútbol español, además de la consiguiente condena general sobre el mandatario del club coruñés.
La Voz de Galicia, al tiempo de ofrecer ayer la información, reflejaba la magnitud del que para nosotros resulta un insólito suceso-administrativo en la ya centenaria historia del Real Club Deportivo.
La información que ofrecía este periódico se complementaba con un artículo de Fernando Hidalgo, bajo el titular «Ahora que todo iba a las mil maravillas», refiriéndose al espléndido momento del Deportivo, convertido actualmente en un autoritario líder que tiene entusiasmados a sus seguidores, precisamente ahora que se recibe el aviso de la FIFA con la amenaza que, en aras de la verdad, tampoco puede sorprender en el club.
Todo lo comentado me duele personalmente por partida doble: por un lado, como viejo periodista deportivo; pero por otro, más aún, por mi condición de socio número 4 del Deportivo, justo desde el primer ascenso del cuadro coruñés, en el lejano 1941.
No puede ser que ahora, cuando todo parece anunciar un nuevo ascenso del Real Club Deportivo, se le cierren las puertas por incumplimiento de obligaciones en la gestión.