Yde repente todo lo que parecía templanza y serenidad en el Obradoiro se volvió frenesí y desconcierto, al abrigo de las contradicciones.
El consejo de administración se acostó el miércoles, después de su reunión, proclamando una vez más su fe ciega en la plantilla y recordando que el margen económico de maniobra no está para muchas alegrías. Si acaso, dejó entrever que había voluntad de fichar.
Apenas doce horas después, ya circulaban los nombres de Charles Smith, Bullock y Songaila como piezas codiciadas, y las quinielas sobre cortes en el actual plantel. Por supuesto, el Obradoiro ni salió al quite ni cosa que se le pareciese. Como si todo diese igual, como si valiese todo, como si el domingo no hubiese un partido.
Ni Smith ni Songaila son jugadores baratos. Otra cosa es que estén a tiro y haya alguna opción de firmarlos. Llegado el caso, y si hubiese que escoger, ¿qué puesto interesa reforzar más? Y si fallase la opción del pívot y hubiese que acudir al mercado americano para cubrir esa demarcación ya no sería viable la contratación de Charles Smith, por la cuestión de los cupos. Y si hubiese que explorar otras vías no sería sencillo alcanzar el nivel que, sobre el papel, ofrecen el pívot lituano y el exjugador del Real Madrid.
Otro asunto peliagudo es el de los damnificados por eventuales fichajes. Nadie sabe nada. Si la intención fuese negociar con ellos a la baja lo que les queda de contrato, que se vieren en esa tesitura con un nivel considerable de encabronamiento no parece el escenario más inteligente. Y tampoco semeja una buena medida, desde el punto de vista de la convivencia diaria, si la opción fuese que continuaran en Santiago para solventar eventuales contingencias, ya que se pueden tramitar hasta diez altas y otras tantas bajas durante la temporada.
O el Obradoiro no ha pensado bien todas las posibilidades a las que debe hacer frente o es difícil encontrar una manera más rocambolesca de encarar la situación en la que se encuentra. Ni haciéndolo adrede.Porque incluso en la mejor de las hipótesis, que sería la de la contratación de Songaila y Charles Smith, lo que ha conseguido es enrarecer un ambiente que, hasta la fecha, era de preocupación por los resultados positivos, sin ir más allá.
Porque el aficionado sabe que competir en la Liga Endesa no es fácil, y más cuando no hay mucha más cera que la que arde. Sabe reconocer el esfuerzo. Y, desgraciadamente, también sabe que no es la primera vez que hay una amenaza de big bang.