Imagen:Los seguidores del Dépor no han dejado solo a su equipo tras el descenso a Segunda División.

La imperial respuesta de la afición


a coruña / la voz

Casi 25.000 socios acompañan al Dépor en su ineludible misión de esta temporada. En el momento más crítico de las últimas temporadas revivió de la mano de su afición, que no lo deja caminar solo en su ansiado retorno. Ni un instante de tregua le permite en su afán por recuperar la categoría perdida. En Segunda División aún es de Primera. Soberanos como nunca de su equipo, dueños y señores de un sentimiento que se podrá esconder, pero nunca arrebatar, los seguidores arrimaron el hombro primero para consolar y después para trabajar.

Dio muestras de su estilo desde el principio. Comenzó por perdonar a todos. No se escuchó ni un solo reproche a los vencidos en el descenso. Lloró como nunca y se levantó. Las colas se sucedieron a las puertas del estadio. El hambre de fútbol sobrevivió a todo, fruto de una alegre mezcla entre la resistencia contra el adiós a la élite y el afán por convertir el descenso en poco más que una pasajera tormenta de verano.

El apoyo fue total desde aquel regreso a los entrenamientos en julio a Abegondo, cuando unos 1.500 aficionados dieron la primera carrera por su equipo. La afición tocó a rebato y nadie se sintió indiferente. Fue un nuevo y conmovedor ejemplo de deportivismo que la afición repite en todos los desplazamientos de su equipo. Donde el Dépor asoma en un campo de Segunda, allá hay aficionados con camisetas blanquiazules saludando a sus futbolistas.

Miedo escénico

Y cuando la competición regresa a A Coruña, Riazor se convierte en el escenario más temido por los rivales y en el primer pilar donde se apuntala el exigente proyecto deportivista. El miedo escénico convierte el estadio en una suerte de fortín para los puntos de su equipo y en el arma secreta que ninguno de sus rivales esperaba. El culmen de esta comunión plena entre la grada y el Dépor llegó en el derbi contra el Celta. En un estadio abarrotado por aficionados de ambos equipos el fútbol se llevó todo el protagonismo.

Ahora queda la guinda, tan solo el último esfuerzo hacia un 2012 que borre a la afición los lamentos del año que se agota. La afición quiere ahora disfrutar.

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