Imagen:Aguín -en una imagen de archivo- anunció su retirada.

«Oí cómo crujían mis huesos»

Desde la uci, donde está desde el día 20, Jorge Aguín, 12 veces campeón gallego de descenso, cuenta a La Voz cómo se fracturó doce huesos en una caída durante un entrenamiento


vilagarcía / la voz

A finales de esta semana es muy probable que Jorge Aguín sea intervenido quirúrgicamente por primera vez de las graves lesiones que le ocasionó la caída que sufrió mientras se entrenaba el pasado día 20 en el circuito de Lago Castiñeiras. Han pasado varios días desde aquel percance, que al grovense le han servido para reflexionar y tomar una decisión radical: lo deja. «No solo por mí, sino por mi familia», explica vía telefónica desde la uci de lesiones medulares del Juan Canalejo donde está ingresado. En el hospital coruñés no fue posible realizarle ayer una fotografía.

-¿Cómo se encuentra?

-Mucho mejor. Muy recuperado y a la espera de la operación, que confío que se produzca dentro de dos o tres días.

-¿Qué recuerda de aquel fatídico día?

-Esta temporada tengo un sistema de cronometraje profesional, con una fotocélula que marca los tiempos exactos. Así me motivaba más en los entrenamientos pero también asumía más riesgos. Era la tercera bajada que hacía aquella mañana y estaba realizando el mejor parcial. De repente, el pedal golpeó contra una piedra, la bici se levantó de atrás y se golpeó contra un árbol. Yo salí despedido de espaldas y choqué contra unos eucaliptos. Al ir de espaldas no me pude proteger con los brazos y me golpeé de lleno. Oí como crujían mis huesos. Cuando estaba tirado en el suelo notaba como si tuviera las rodillas a la altura de la nuca. Me buscaba las piernas y no las notaba. No sentía nada del pecho hacia abajo.

-Y después llegó su compañero de entrenamientos...

-Sí. Enseguida llamó al 061, pero todo el proceso del rescate fue un poco caótico.

-¿Por qué?

-Vinieron en un todoterreno, pero se quedó atascado a la vuelta. Además, casi no cabía tumbado en la camilla. Entre unas cosas y otras tardé casi dos horas en llegar al hospital. Se me pasó toda mi vida por delante. Me afectó mucho verme allí tirado tanto tiempo. Me replanteé muchas cosas.

-¿Piensa continuar?

-De ninguna manera. Ya no solo por mí, sino por mi familia.

-¿Pero va a colgar la bici?

-Por lo que respecta a la competición, sí. Haré mis entrenamientos de carretera, pero como cualquier ciclista normal. Ya tengo 31 años. Mi objetivo era ser campeón de España. Era lo que me mantenía con la misma ilusión que cuando empecé. Pero para ser un deportista amateur no está nada mal todo lo que conseguí: campeón de Galicia en todas las categorías, tres medallas de bronce y una de plata en campeonatos nacionales y varias participaciones en mundiales y europeos.

-¿Qué protecciones llevaba aquel día?

-Cascos, rodilleras, guantes...

-¿Y espaldera?

-No. La inmensa mayoría de los especialistas no la usan. Prima más buscar el rendimiento que, a veces, la seguridad. No sé si la espaldera me hubiera ayudado, pero viendo ahora lo que pasó está claro que no habría estado de más usarla.

-Su especialidad es muy peligrosa. ¿Había sufrido algún percance con anterioridad?

-Todos los que practicamos la modalidad de descenso hemos tenido caídas, pero es que en esta me rompí doce huesos: siete costillas, tres vértebras y los dos omóplatos.

-Usted es de O Grove, donde el ciclismo no tiene una gran tradición. ¿Piensa dedicarse a entrenar para mantener viva la especialidad?

-Sí. Ahora estoy muy involucrado con el hijo de mi mejor amigo, que compite en BMX, una especialidad olímpica. Se llama Marco Martínez, tiene diez años y ya ha sido cuarto en la Copa de España.

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