Victoria de etapa, queda ganar la general


El que la Federación Española de Ciclismo haya absuelto a Alberto Contador es un triunfo parcial, porque sobre el madrileño (que ahora más que nunca representa la imagen del deporte español) pende la espada de Damocles en forma de recurso por parte de la federación internacional o de la Agencia Mundial Antidopaje. Ya puede competir (y si lo hace no tardará en ganar;, va salir con el cuchillo en los dientes), eso sí, a riesgo de que se le anulen esos resultados si se le acaba sancionando.

Es un triunfo más para alguien que ha llevado una vida de sobresaltos. Dotado de una calidad extraordinaria -cuerpo de escalador capaz de destacar en contrarreloj llana-, estuvo a punto de morir en el 2004 por un cavernoma cerebral y se ha visto salpicado por casos de dopaje (operación Puerto y Alexander Vinokourov) en los que sin ser protagonista se vio perjudicado, por ejemplo sin poder participar en el Tour de Francia del 2008. En esos casos le tocó tragar, como también en el 2009 con Lance Armstrong de enemigo en casa.

En cambio en el caso actual ha luchado al máximo desde el primer día. Además del factor solomillo contaminado, su radical posición («no me he dopado y no voy aceptar la más mínima sanción») ha tenido un efecto determinante en la decisión federativa, más aún tras la toma de postura de ZP. Se puede decir que, superada la montaña, ha recuperado el liderato, pero queda llegar victorioso a los Campos Elíseos, algo que otros tienen ahora que decidir.

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