Muere a los 64 años el ex campeón mundial Bobby Fischer

Rey de los tableros de 1972 a 1975, se hizo famoso tras vencer al soviético Spassky en la llamada partida del siglo.

Efe

El ajedrez está de luto. Ha muerto en Islandia a los 64 años el ex campeón mundial Bobby Fischer, según la agencia AFP, que cita a medios del país nórdico.

Según informa Efe, la edición digital del diario islandés Morgunbladid» publica que Fischer falleció en su casa de Reikiavik, adonde regresó el mes pasado tras permanecer ingresado en un hospital de la capital en octubre y noviembre.

Estadounidense y acusado de traición a su país, Fischer vivió los últimos años de su tormentosa vida en Islandia, donde se nacionalizó.

Fischer protagonizó la llamada partida del siglo en 1972. Entonces venció al soviético Boris Spassky en un duelo que tuvo resonancias políticas. En plena guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, el joven ajedrecista se convirtió en héroe nacional de un país que treinta años después, tras una trayectoria personal errática y excéntrica, lo repudiaría.

Su reinado en los tableros duró tres años. Durante ese tiempo no jugó ninguna partida oficial. En 1975, cuando fue conminado a defender el título ante el aspirante Anatoly Karpov, no aceptó el desafío, por lo que fue desposeído del cetro mundial. Hasta 1992 no volvió a jugar en público.

Vida agitada

Fischer, que durante años vivió retirado de la atención pública, llegó a Islandia después de que este país, donde era muy popular desde su duelo con Spassky, facilitó su puesta en libertad concediéndole su ciudadanía tras permanecer 8 meses retenido en un centro japonés para inmigrantes ilegales.

El ajedrecista fue detenido en Tokio en julio de 2004 por intentar usar un pasaporte revocado por EEUU, que tenía dictada contra él una orden de busca y captura desde 1992 por violar una prohibición del Gobierno de viajar a la antigua Yugoslavia y desarrollar una actividad económica allí.

En medio de la guerra de los Balcanes, Fischer no hizo caso de la orden y viajó a Belgrado para jugar contra Spassky a cambio de 3 millones de dólares.

Durante su cautiverio en Tokio, Fischer calificó la retención de «secuestro» organizado por el presidente de EEUU, George Bush, y su «títere», el entonces primer ministro nipón, Junichiro Koizumi.

A su llegada a Reikiavik procedente de Japón, se despachó con unas declaraciones antisemitas y contrarias a su país de origen.

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