FARRAPOS DE GAITA

El príncipe de los principios


Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, Gabo nos enseñó al coronel Aureliano Buendía recordando aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro a orillas de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, aunque él las nombró para nosotros -y cómo- en Cien años de soledad, un libro oceánico, descomunal, perfecto e inabarcable. También nos llevó de la mano del doctor Juvenal Urbino al interior de una casa todavía en penumbras para confirmar lo inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados, y en el primer párrafo de El amor en los tiempos del cólera, tal vez su obra de más exquisito acabado, Jeremiah de Saint-Amour se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro. En todas sus novelas salen muchos pájaros, muchas gallinas, y los gallinazos, al principio de El otoño del patriarca, se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior. Y el día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una tierna llovizna, y por un instante fue feliz en el sueño del inicio de Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez dominaba como pocos -como el Dickens de Historia de dos ciudades o el Tolstói de Anna Karénina- el difícil arte del inicio de la novela. Te agarraba por las solapas desde la primera frase del primer párrafo y ya no te soltaba hasta que, zarandeado y felizmente exhausto, llegabas a la última página arrastrado por la corriente de su voz, que se precipitaba libre sobre un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.

403 Forbidden

Forbidden

You don't have permission to access /votacion/pixel_votos_responsive.php on this server.


Apache/2.2.22 (Debian) Server at www.lavozdegalicia.es Port 80
Etiquetas
Gabriel García Márquez Barro Comarca de Pontevedra