Así no te estás cuidando bien la piel

Da igual que hidratemos la piel o consumamos colágeno vía oral si no nos ocupamos de los lípidos (las moléculas encargadas de mantener unidas las células) y de la estimulación de los fibroblastos. Pero, ¿se nota la diferencia en una piel cuidada? Los expertos lo tienen claro: el buen aspecto depende de su correcto funcionamiento

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16/04/2017 04:00 h

Colágeno, ácido hialurónico, antioxidantes. Bombardeados como estamos por recetas milagrosas para aplazar al máximo el envejecimiento, conocemos bien la terminología, pero no tanto su significado. Como tampoco las particularidades de nuestra piel, esa capa flexible y resistente que nos protege y mantiene intacto nuestro organismo frente al exterior, y que, al mismo tiempo, nos comunica con él. Nos defendemos y sentimos gracias y a través de la piel, el órgano más grande del cuerpo humano, DNI de corpúsculos. Dos metros de epidermis nos envuelven, cinco kilos de corteza que nos hacen fuertes, capaces de enfrentarnos al mundo. ¿Nos ocupamos lo suficiente de ella, tanto como del hígado, como del estómago? ¿Realmente hay alguna diferencia entre cuidar y no cuidar la piel? La hay. En su salud y en su apariencia. Si vigilarla y blindarla frente el sol es esencial para prevenir enfermedades, tenerla presente a diario no solo frena el paso del tiempo, sino que mejora notablemente su aspecto: factores externos (la contaminación o el clima) e internos (la alimentación o el estrés) impiden que desarrolle correctamente su función, la protección. Si su capa más externa -la capa córnea, nuestra carta de presentación, reflejo de lo que nos sucede- se debilita, estaremos completamente expuestos. «Pensamos que la hidratación es una simple aportación de agua, pero olvidamos que la piel es un órgano complejo y son muchos los factores a tener en cuenta -explica Luís Yáñez, de Lya Estética, un exclusivo centro que desde el pasado diciembre ofrece tratamientos personalizados a base de alta cosmética biológica en A Coruña-. La gente suele referirse a sensaciones sobre la superficie de la piel, como la tirantez, pero en realidad estamos hablando del agua que hay en el interior de las células y del agua en la que viven las mismas». «Si hay una carencia de ella, se producirá un desequilibrio», apunta. ¿Es suficiente solo con beber muchos líquidos? No. Es fundamental la aportación de lípidos puros, una serie de moléculas que, entre otras cosas, mantienen unidas la células de la piel. Si no están hidratadas aparece la flacidez y la arruga. ¿Y cómo nos nutrimos de lípidos? «A través de sueros o cremas, con materias primas concentradas», indica Yáñez.

Qué más hay que tener en cuenta: los capilares

Encargados de alimentar las células y las fibras musculares, son los grandes olvidados a la hora de cuidar la piel. Su vasodilatación, a causa del estrés, la mala alimentación e incluso factores genéticos, entorpece su función, provocando rojeces o cuperosis. ¿La solución? Una buena cosmética. En Lya utilizan gama Biologique Recherche

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