Un coruñés a 24 fotogramas por segundo

Falleció Antonio Docampo, autor de una de las joyas del neorrealismo español, el mediometraje «El andamio»


Los coruñeses de cierta edad recordarán a Antonio Docampo tras los mostradores de su establecimiento de Rúa Nova, fundado por su padre en 1921 y que estuvo abierto hasta 1996. En el escaparate frontal, televisores, giradiscos o amplificadores. En el pequeño escaparate lateral, cámaras y proyectores de cine. En el interior, al fondo, la siempre bien surtida sección de vinilos. Tras las bambalinas, un impresionante taller de reparación. A Antonio lo mismo se le podía ver reparando la megafonía en la Compañía de María, proyectando cine a los pescadores de Caión o reparando el repetidor de TVE en Penamoa.

Como camarógrafo y productor está detrás (con la ayuda de sus hermanos José y Carlos) de una de las joyas del neorrealismo español, el mediometraje El andamio (1958), dirigido por Rogelio Amigo y protagonizado por un joven licenciado en Derecho, José María Pujalte, que con el tiempo llegaría a ser gerente de la UDC (además de padre de la actriz María Pujalte). La crítica social de esta película le acarreó no pocos problemas con la censura, hasta que finalmente fue premiada en San Sebastián y otros festivales.

 

Antonio Docampo filmó otras películas, bien producidas por él, bien por encargo de instituciones, como el Ejército, Astano o incluso acaudalados personajes, como el largometraje Esto es Galicia (1956), rodado para Justo Díaz, un próspero emigrante en Cuba, y que fue proyectado ante el mismísimo Fidel Castro. De esta película solo existían dos positivos. Uno, el exhibido en Cuba, está en paradero desconocido. El otro, estrenado en el añorado cine Goya, fue decomisado por la autoridad pues, en su opinión, proporcionaba una imagen poco apropiada de Galicia; también se ignora su destino.

 

Antonio Docampo fue, además, una de los primeros cineastas a escala mundial capaces de obtener provecho comercial de un formato que nació como amateur, el Súper-8. Todavía se recuerda su documental sobre A Coruña que se vendía en su tienda de Rúa Nova a turistas de toda España y que tenía imágenes aéreas filmadas en una época en que los drones ni siquiera se podían imaginar: Antonio filmó estos planos desde la avioneta familiar con la que transportaban marisco fresco a Madrid. Su obra fue objeto de reconocimiento el pasado 3 de diciembre, en el marco del LC Super-8 Global Day, donde fue muy emotivo para todos los que abarrotaban Portas Ártabras, contar con la presencia de un Antonio Docampo ya muy desmejorado, en silla de ruedas.

A Antonio le sobreviven su viuda, Neni Arias, y sus hijas Patricia y Marta, esta última heredera de sus inquietudes artísticas y responsable del primer cortometraje de dibujos animados tradicional filmado en Galicia. Descansa en paz, querido Antonio: tus fotogramas permanecerán siempre vivos en nuestras retinas.

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