Terapia peatonal para recuperar la calle

Pocos vecinos lamentan el cambio que supuso la retirada del tráfico de 74 vías de la ciudad

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A Coruña / La Voz 12/06/2016 05:00 h

A Coruña tiene en su haber 74 calles peatonales, y subiendo. Eso sí, subiendo despacio. Algunas de ellas tienen ese carácter porque, directamente, están compuestas por escaleras -Alejandro Barreiro Noya, calle Plaza, Puerta de Aires-, otras son así porque sencillamente no caben los coches -a ver quién se mete con él por Rúa Cega- y finalmente las hay también en las que resulta hoy impensable entrar motorizado. ¿Quién se plantearía siquiera entrar al volante en la calle Olmos, la Estrella o la calle Real?

Sin embargo, en muchas de estas últimas -en algunas las terrazas no dejan sitio para nada- hace unos años sí había tráfico. Hoy no hay coches en Troncoso, ni en Riego de Agua ni en la plaza de María Pita, pero los hubo no hace tanto. En general, es difícil encontrar un vecino que lamente que de su portal hayan sacado los coches.

Los casos más recientes y polémicos fueron Ángel Senra, la Gaiteira y la calle Barcelona. Obviamente, esas vías han evolucionado para mejor y se han convertido en referentes en sus respectivos barrios.

Después de la Marina y el Parrote -con tráfico parcial- la siguiente en caer este verano será la Marola, en Monte Alto. A Coruña se acercará a los 10,5 kilómetros de asfalto -o granito, depende- para los caminantes y sumará la número 75 de las vías públicas arrancadas a los coches.

Con todo, los propios informes municipales destacan que queda mucho por hacer. Hay vías en las que la señalización es dudosa, en general, no es homogénea y hay zonas donde los caminantes no saben que ellos son los dueños de la calzada. En el final de San Andrés hay prioridad peatonal. ¿Quién la discute con los conductores? Falta darle realce a esos espacios.

«La peatonalización de las transversales fue absurda»

La de la Gaiteira es una de las vías coruñesas de más reciente peatonalización. Hoy se ha convertido en una zona de paseo, terrazas y pequeños establecimientos comerciales y son muchos los vecinos que la prefieren así.

«Pasear por aquí da gusto», señala Fina, para quien la calle es «el lugar de reunión preferido» por ella y su grupo de amigas «desde el principio». «No queremos coches por aquí, que circulen por la avenida de Oza», añade. Diego, otro residente en la zona, también está «muy contento» con que la calle esté libre de coches, pero opina que «deberían dejar aparcar en las calles de alrededor», que también fueron peatonalizadas en su momento.

En la vía destacan las flores expuestas a la puerta de la floristería Togo. En ella trabaja Ana, otra partidaria de la Gaiteira actual. «La veo como una zona central de paseo. Si hubiera coches no podría tener las plantas fuera», explica. Pero también se queja del problema de aparcamiento. «Peatonalizar las transversales me pareció absurdo. A los que trabajamos aquí nos repercute mucho porque nos traen sacos grandes de tierra y no pueden parar en ningún sitio».

«Poner circulación aquí sería como desaparecer del mapa»

La calle Real lleva tanto tiempo siendo peatonal que ni los comerciantes de toda la vida se acuerdan de cuándo cambió. Lo que sí saben es que no volverían atrás. «Sería una locura», señala Paloma, encargada del Bazar de Pepe. «No es una calle de paso para ningún sitio. Es como si metes tráfico en un jardín», añade.

Para Manuel, responsable de la joyería Lino, reabrir la calle Real a los coches «sería horrible para el negocio». «Ya están aquí hasta las once las furgonetas ocupando los escaparates», explica, por lo que opina que «poner circulación sería desaparecer definitivamente del mapa». Es de la opinión de que el comercio de la vía «ya tiene bastantes problemas» y «ya ha perdido bastante como para añadir uno más».

Quienes tampoco conciben una calle Real no peatonal son los viandantes. «Esta vía da una seguridad muy grande a la gente que viene con los niños», cuenta Carmen, quien considera que cambiarla «sería una pérdida enorme para la ciudad». «Es un símbolo para todos, los que vivimos aquí y los que nos visitan», observa Juan, y añade que «quien quiera usar el coche, que se vaya a Marineda City».

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