El obelisco Millennium, de la gloria al olvido en tres lustros

El monumento del cambio del milenio lleva años apagado

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A Coruña / La Voz 10/01/2016 05:00 h

Estos días han puesto a su lado un clásico de las colonias, ese Chanel 5 con el Marilyn, decía ella, se vestía cada noche antes de irse a dormir. Después de anochecer, la luz de este anuncio es lo más luminoso que hay alrededor del Millennium de Labañou. Enfrente, al otro lado de la bahía, la torre de Hércules parece un prisma amarillento en cuya cabeza da vueltas un faro. Lleva dos milenios alumbrando. Hace tres lustros parecía que esa simbólica luminaria iba a dejar de estar sola frente al océano con la llegada del monumento de vidrio más elevado del mundo, según presumían sus promotores. Era el Millennium que, no obstante, respetaba la jerarquía de altura de la torre al quedar, con sus 50 metros, nueve por debajo del monumento romano. «Las luces que marcaron el cambio de un año, de un siglo y de un milenio. Obelisco Millennium. La Coruña». Esto decía un calendario elaborado hace quince años en cuyas doce imágenes, una por mes, se iba iluminando el nuevo monumento revestido con 174 piezas de vidrio de distinto tamaño.

Fue precisamente con ese encendido de cada una de las doce fases de la estructura, como Canal Satélite, con una señal producida por la Televisión de Galicia, ofreció el 31 de diciembre del 2000 las campanadas de fin de año desde A Coruña y para toda España. El día anterior, sábado, a la una de la tarde tuvo lugar el espectacular acto de inauguración en el que 600 de los asistentes eran integrantes de las once corales participantes y de los grupos de los centros sociales del Castrillón, Monte Alto, San Diego y Os Mallos. Concluía así un proceso que había comenzado unos meses antes, con la presentación del nuevo monumento el 15 de abril y el inicio de las excavaciones a mediados de junio. Al mismo tiempo, en el mes de julio los operarios de la empresa holandesa Van Tetterode empezaban a elaborar las piezas con las que se recubriría el nuevo obelisco. Contaban entonces los responsables de dicha firma que la materia prima era norteamericana y para hacer el vestido del Millennium fundían el cristal coloreado entre tres y cinco capas mediante un sistema de solapamiento. Luego se mezclaba en un molde ajustado al diseño del escultor Gerardo Porto.

Imágenes de Gerardo Porto

Y es que sobre el cristal de dichos paneles, al artista coruñés afincado en Holanda durante muchos años se encargó de diseñar los episodios más singulares de la historia de su ciudad natal. Y aunque desde años sin luz que los ilumine, ahí siguen las imágenes de las carabelas comandadas por Cristóbal Colón que representan la aventura del descubrimiento de América, un continente que evocado con la escena de la emigración gallega que tuvo sus orígenes en el puerto de A Coruña. También están la batalla de Elviña, con su héroe foráneo sir John Moore, que comparte espacio con la heroína local, María Pita, y su pelea con otro sir, Francis Drake.

Sobre esas piezas de cristal, fundidas a 800 grados centígrados, también están las imágenes que Gerardo Porto elaboró de tres reyes vinculados con la historia local: Alfonso IX, al que se le considera responsable de la repoblación de la ciudad en el año 1208; Carlos I, que zarpó del puerto coruñés para ser coronado emperador; y Carlos III, impulsor del desarrollo de la ciudad durante la Ilustración.

Todo ello sigue ahí, en Labañou, en un lugar que antes de que llegara el Millennium era un asentamiento chabolista que serpenteaba por el acantilado hasta la base del monte San Pedro. Ahora, el acristalado monumento, está varado en su estanque de agua agitada por los temporales y a la espera de alguien vuelva a prestarle atención o, cuando menos, a darle luz de nuevo.

El futuro restaurante, refugio de indigentes

Una barandilla rodea el Millennium en la parte del mar. Sería como la cubierta de un barco debajo de la cual se construyó un amplio espacio acristalado. Era el lugar donde ubicar una cafetería y un restaurante que en el momento de la construcción se anunciaban como uno de los grandes atractivos de la nueva edificación. Y es que, en teoría, los usuarios tendrían la oportunidad de tomarse un café o de comer a la altura del mar y, en los días de temporal, con las olas golpeando sobre los cristales. Era bonito. La realidad es menos lírica. Con el paso del tiempo, y sin que este local llegara a ocuparte, los temporales, y la acción de algunas personas, acabaron destrozando el mismo.

Los bajos del Millennium fueron vallados en su día para evitar daños mayores, pero algunos indigentes vieron que era un buen lugar para estar durante un tiempo. Así, era posible ver a algunos de ellos durmiendo en el local diseñado para restaurante. Además, estas personas tenían a poca distancia las instalaciones de Padre Rubinos a cuyo comedor de transeúntes acudían. Ahora, después del traslado de dichas instalaciones, la afluencia de indigentes es menor, en parte también porque los bajos están abiertos a la entrada de las olas.

Además estaba previsto ubicar en estos bajos una sala de usos múltiples destinada actividades culturales. Por ahora, todo ha quedado en un refugio de indigentes.

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