Un fontanero coruñés vive sin agua desde hace 68 años

Francisco Dopico reside en una vivienda unifamiliar sin tuberías ni grifos, en el barrio de Vioño


a coruña/la voz.

Francisco Dopico nunca ha sabido qué es tener agua corriente en casa. Exactamente los 68 años que tiene de vida. Los mismos que lleva residiendo en la coruñesa calle Puerto Rico. «Creo que actualmente debo ser el único habitante de toda la ciudad que no tiene agua», afirma. La guinda a esta situación la pone su profesión: es fontanero. Su casa está situada en una zona del barrio de Vioño en la que otras viejas construcciones como la suya estaban en la misma situación hace una década. Sin embargo, a día de hoy, Francisco es el único que continúa viviendo allí. «Hay vecinos que viven al otro lado de la calle que no tienen sumidero, pero por lo menos ellos pueden bañarse sin tener que ir a la fuente», comenta. Y es que Francisco tiene que ir con cubos a buscar agua a un manantial que está próximo a su casa, en la que vive de alquiler desde hace más de tres décadas.

En cierto sentido se podría decir que lo de vivir sin agua corriente «es una tradición familiar», bromea. Y es que sus padres vivieron toda su vida sin el líquido elemento, en otra vivienda de la misma calle Puerto Rico, donde se criaron él y sus hermanas. Cuando se casó, hace 36 años, Francisco se mudó con su mujer a una casa cercana. Allí vivieron toda su vida y «allí creció mi hijo», al que tenían que bañar «a base de cubos, calentando el agua por tandas», recuerda Francisco algo nostálgico.

A pesar de vivir en condiciones más propias del medievo que del siglo veintiuno, Francisco es un hombre alegre que asume su situación con humor. «Soy el único que resiste, y aquí sigo. Qué remedio. Si tuviera dinero para comprarme otro piso no estaría aquí, pero no lo tengo», comenta. «Yo no sé lo que es tener una casa con agua. Es una desgracia, pero la vida es así», afirma con resignación. Eso sí, de tuberías y grifos entiende un rato. Pero ya se sabe, «en casa de herrero cuchillo de palo», comenta antes de recordar con tristeza que su mujer, ya fallecida, «siempre soñó con vivir en un piso con agua».

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