«Solo salgo dos noches a la semana»

Sus canciones contribuyen a quitarle hierro a las penas del corazón; es mucho más hogareño de lo que parece; y viene a Galicia con frecuencia


No nació en Villatripas de Arriba, aunque bien podría. Javier Krahe (Madrid, 1944) es uno de esos cantautores de culto, capaz de arrancar una sonrisa inteligente de las situaciones más dramáticas. Es un habitual en salas gallegas como el Dado Dadá, de Santiago, de esos locales en cuyas barras se psicoanaliza el alma de los noctámbulos.

-Después de escucharlo, compruebo que, si acaso, envejecen las personas, pero no el talento...

-Estos días estoy escribiendo nuevas canciones. Pero lo mismo me tiro ocho meses sin hacer nada. [Enciende un purito cuyo humo amarillea su barba]. La idea es seguir pariendo cosas.

-Es curioso. Cuando usted habla al público parece un científico despistado. Pero después demuestra en sus letras complicadas y esdrújulas que tiene un cerebro que es todo agilidad...

-[Fuma]. Es distinto hablar que cantar cosas que están escritas, en las que, a lo mejor, has trabajado un mes. Y a veces sí sé muy bien lo que voy a decir; otras no [se ríe]. El hecho de que sea yo mismo quien escribe las canciones facilita el trabajo de memorizar. Lo que sí ocurre es que cambio muchas cosas, voy mejorando versos, y la cabeza se va a la idea original, y ahí sí que puede haber fallos de memoria. Pero no tengo que aprenderme mis canciones, las tengo en la cabeza.

-¿Qué es más? ¿Un músico? ¿Un cachondo mental que canta? ¿Un poeta musicado?

-Lo de poeta me viene grande. Yo hago canciones, no poemas. Músico lo soy secundariamente, tengo pocos recursos musicales. ¡Pero puedo entonar bien una melodía!

-¿Las cosas que canta en sus canciones le pasan a usted? Supongo que no habrá tenido un lío con la mujer del Yeti... O igual sí...

-[Se ríe] No, me pasan en una mesa, si acaso. Sí que hay detalles autobiográficos, es muy difícil deslindar lo que me invento y lo que saco de cosas que me han sucedido o he visto. Lo de la mujer del Yeti... [se parte de risa].

-Se ríe de muchas desgracias, pretendientes humillados, cosas así...

-Me río de las desgracias sentimentales. Y exagero para dramatizar el asunto. Contaba Jacques Brel que, cuando una novia lo dejaba, no podía decirle «Ne me quitte pas» porque le entraba la risa. Cuando has quemado el asunto y se te da una situación así, lo mejor es reírse.

-Los bares, los garitos, ejercen en este sentido como boticas de remedios, consultas de psicólogos y psiquiatras...

-Qué duda cabe. A muchos camareros les cuentas cosas que no le contarías a nadie. Y la bebida te hace largar la lengua. De todas formas, te digo que en mi vida normal, cuando no canto, me puedo pasar dos semanas en casa y, de esas dos semanas, saldré como mucho dos noches cada semana, nada más.

-Pues tiene una pinta de pegarse unas farras de lunes a domingo...

-No, no. Incluso lo de la bebida: yo bebo las noches que salgo, y los otros cinco días no.

-¿Y no se le cae la casa encima?

-No, me encanta, soy muy hogareño. Generalmente estoy, o tumbado en un sofá, o medio tumbado. Puedo leer el periódico, un libro, mirar la tele... o mirar a las musarañas y pensar cosas.

-La cabeza nunca descansa...

-No, pero no estoy necesariamente pensando en canciones. Cuando tengo una entre manos, entonces sí. Esos ratos que estoy sin hacer nada le doy vueltas.

-Además de la parroquia fiel, ¿nota que se incorporan nuevos seguidores?

-¡Afortunadamente! En el público influye mucho el precio de la entrada. En Madrid actúo un día al mes en el Galileo y viene gente de veinte a treinta años, pocos de mi quinta.

[De repente, en las puertas del Auditorio de Galicia, interrumpen bruscamente la entrevista unas simpáticas mujeres que le dicen: «¡Somos de la Sénior de Coruña ¿Le importaría que nos hiciéramos una foto con usted?». Krahe encoge los hombros, asiente y se deja retratar. Luego, una le espeta: «¡A ver cuándo expone en Coruña!».

-¿También pinta? Vaya, no lo sabía...

-¿Pintar? Poco. Me habrán confundido con otro. [Concluimos que con Luis Eduardo Aute. Nos tronchamos].

-¿Le agobia la gente?

-No, pero ya ves cómo me tengo que tomar esto. Una me dice que es una admiradora y luego que cuándo expongo. Lo extraño es que salgo muy poco en televisión, me extraña que esta gente me reconozca.

-¿Ha pensado en la retirada?

-No. Me gusta mucho irme de casa y me gusta mucho volver. Un día a la semana, por lo menos, me voy a algún lado. En julio, agosto y septiembre no trabajo. Si eso es trabajar...

-¿Resucitará La Mandrágora?

-No.

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