¿Pero dónde está el centro?

La Ciudad Vieja y el Ensanche pugnan por el título de meollo de la ciudad


La voz

Cada ciudad tiene mil y un centros. Hay el centro geométrico, el centro histórico, el centro de simetría, el centro espiritual y hasta el centro de gravedad permanente, que buscaba Franco Battiato. A mí, cuando era niño, me intrigaba mucho lo de bajar al centro. Los domingos nos vestían con la ropa del domingo y nos llevaban, desde el entonces muy lejano Peruleiro -en aquel tiempo una especie de Far West- hasta el centro, que yo no acababa de ubicar del todo sobre la cartografía municipal.

-¿Pero el centro es exactamente el centro?

-Calla, niño. Lo del centro es un decir.

Empezaba entonces a chapar la geometría de las cosas, los hexágonos, los teoremas y esas filigranas, y me causaba mucha angustia ubicar en el polígono irregular del mapa urbano el meollo preciso de A Coruña. A veces incluso pillaba el plano municipal y con la escuadra y el cartabón del cole trazaba diagonales a voleo hasta dar con la geodesia perdida de la ciudad. Entre que no atinaba con el compás y que la regla estaba algo mordida, el centro acababa por salirme en el cruce de la avenida de Finisterre con la ronda de Outeiro, que es un lugar muy entrañable, con su rotonda siempre colapsada y su karaoke, vale, pero admitamos que no es exactamente lo que se entiende a pie de calle por el núcleo urbano, por eso que los anglófilos llaman el downtown.

El downtown coruñés, acabé aprendiendo luego por la vía de los hechos consumados, empezaba como en la plaza de Pontevedra y, a partir de ahí, cada uno le ponía sus límites y fronteras. Y a mí, para consolarme de tanta pesquisa fallida entre los ejes de coordenadas, me decían un día que el centro era la Marina, otro que era el Obelisco y al domingo siguiente que era la plaza de María Pita.

Lo de hallar el centro exacto de A Coruña no es el viaje al centro de la Tierra, pero sí una misión digna de los exploradores y cartógrafos barbudos de la Royal Geographical Society, que tendrían que lidiar durante su expedición científica con las querencias de los aborígenes por su barrio y las múltiples teorías del paseante sobre dónde tiene esta ciudad su punto G. ¿En la Ciudad Vieja? ¿En la Pescadería? ¿En el Ensanche?

Hay una disputa larvada entre los indígenas del casco histórico, que reivindican el peso de los siglos en esta crucial decisión, y los que sostienen que la ciudad gravita alrededor de la plaza de Vigo y aledaños. Es como lo del Dépor y el Celta, lo del Barça y el Madrid, lo del River y el Boca, pero entre los barras bravas del 15001 y del 15005. El 15001, por supuesto, tira de bibliografía y tiene centros para repartir. Lo mismo le vale el Obelisco de 1895 que la plaza de María Pita, kilómetro cero de la ciudad para Correos y Ayuntamiento.

Luego está el que se pone exquisito (o pedante) e intenta hilar más fino:

-El centro es el atrio de la iglesia de Santiago, donde se reunía el antiguo concejo hace siete siglos.

Pero eso ya es ponerse demasiado sabiondos y estirados y tampoco es plan. Tampoco hay que abusar de la hemeroteca.

Cuando los del 15005, que también son muy suyos, se ponen demasiado pelmas reclamando la titularidad del cogollo urbano, hay quien saca las murallas del bolsillo para zanjar la polémica. La ciudad, replica el historiador de la barra del Copacabana, acaba en la Coraza. A partir de ahí, como decían los mapas antiguos, hay dragones o leones (no se acuerda y, además, el texto de marras estaba en latín).

-De Juana de Vega para allá es todo territorio conquistado.

El fan irredento de la plaza de Vigo dice que el casco histórico está decadente, que es una ciudad apuntalada en la historia y en las vigas subcontratadas por la Concejalía de Urbanismo, y que ya no merece la pena pasar del Obelisco, porque corres el riesgo de que se te caigan dos o tres siglos encima de la testa.

Cuando abrieron el centro comercial Cuatro Caminos y El Corte Inglés, los inquilinos del barrio en seguida apuntaron que el centro de gravedad de la ciudad se había deslizado hacia Ramón y Cajal. Son los mismos que aún hoy esgrimen la tesis de que cuando el Dépor gana la Liga o sube a Primera el jolgorio está en Cuatro Caminos, que en A Coruña hace las veces de Cibeles, Neptuno o Canaletas, que también es una fuente, pero de las de beber, no de las del chorrito ornamental y escultura neoclásica. Lo de Cuatro Caminos ya es un argumento más rodado, con cierta solemnidad, con un toque de vitrina de sala de trofeos.

Ahora el devoto de lo nuevo tira mucho hacia el Ensanche, la plaza de Lugo y Padre Feijoo, donde se toma los vinos a tres euros el copazo, pero no tiene que codearse con el musgo y las reliquias de otro tiempo.

-Ya está bien de tanta Edad Media, hay que modernizarse, hay que pasar página.

Al moderno le gusta mucho lo de pasar página, aunque luego nunca pasa página, más que nada porque no lee y en la tableta, que toquetea todo el día, solo pasa pantallas, ventanas, fotitos.

Hasta hay algún novísimo que se quiere llevar el centro a Ikea y sus laberinto de mesillas sin armar.

-El centro ha muerto. Ahora el centro está en Marineda City.

Los inquilinos de Monte Alto -que ya se dijo aquí que es el epicentro de A Coruña- tercian en la batalla y recuerdan que, puestos a elegir un centro sentimental e histórico, allí está la Torre y su fanal milenario.

-Adonde no llega la luz de la Torre ya no es Coruña, es la periferia, el suburbio, el arrabal.

Al final va a resultar que A Coruña no es nada euclídea y en lugar de un único centro tienen 245.000 y pico centros. Uno por ombligo.

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