A Coruña mantiene una larga tradición de héroes del mar

Decenas de personas fueron salvadas

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El monumento dedicado a los héroes del Orzán que se inaugurará el próximo domingo ya ilumina la Coraza. GUSTAVO RIVAS
El monumento dedicado a los héroes del Orzán que se inaugurará el próximo domingo ya ilumina la Coraza. GUSTAVO RIVAS

«Salvaron, en septiembre del año último, a una señora que estando bañándose en el mar se ha visto en gravísimo peligro de ser ahogada entre las olas, de cuya muerte segura la libraron dichos carabineros arrojándose instantáneamente al mar». Es el texto de uno los casi cincuenta expedientes conservados en el Archivo Municipal de A Coruña con el título de Distinción acto humanitario.

El homenaje que el próximo domingo recibirán los llamados héroes del Orzán tiene detrás una larga tradición de personas de toda condición a las que las autoridades les reconocieron su valor. En dichos documentos del Archivo se relatan acciones heroicas que desde el año 1879 tuvieron lugar en diversos puntos de la costa y en las que, según apunta el historiador José Alfeirán, tuvo que ver el hecho de que se popularizaran los baños en el mar. Algunos de los que se lanzaron a salvar a los que se ahogaban lo hicieron no solo poniendo en peligro su propia vida, sino incluso pagando con ella su valentía. La relación de estos héroes del mar concluye en 1927, al menos en cuanto a los expedientes del Archivo Municipal, lo cual no significa que desde entonces no se hubieran producido este tipo de hechos, algunos durante la última década.

Detrás de Cuatro niños

Agapito Atanes, conmociona. Uno de los que falleció en el intento fue Agapito Atanes Incógnito que murió el domingo 10 de febrero de 1884 al intentar salvar a cuatro niños que se ahogaban en la Maestranza. El hecho produjo tal conmoción en la ciudad que se formó una comisión formada por diversas sociedades y partidos políticos de la ciudad, encabezada por el republicano Ramón Pérez Costales, que convocó una masiva manifestación ciudadana para el siguiente domingo, el día 17.

Según La Voz de Galicia de ese día acudieron «miles de almas», entre las que estaban los integrantes de la Corporación municipal, aunque lo más emotivo fue que dicha marcha hasta el cementerio estaba encabezada por los cuatro niños a los que había intentado salvar Agapito Altares. La presencia de niños y adolescentes que estaban a punto de ahogarse es algo habitual en muchos de estos sucesos.

Topónimos

La playa Berbiriana. La documentación sobre estos sucesos evoca lugares de la ciudad que han desaparecido: «Con otros niños asoma por la rampa del carbón en la Marina», indica el expediente que recoge como Victoriano Soto, de 12 años, salvó de morir ahogado al niño Sabino Meijide, de tres años, que había caído por dicha rampa. Ocurría en mayo de 1881.

En otros casos los relatos permiten descubrir nombres caídos en desuso como la playa Berbiriana, ubicada «frente al edificio del Matadero público», algo que permite ver como el nombre de playa del Matadero se ha impuesto al anterior. Fue en este lugar donde Bonifacio Corveira, un vecino del Ayuntamiento lucense de Baleira, fue rescatado por cuatro personas.

Otro topónimo llamativo es el de la Batería de Salvas, en la que todavía se pueden ver dos cañones y que está en la base del jardín de San Carlos.

Literatura épica

Relatos detallados y testigos. Los expedientes elaborados para reconocer los méritos de las personas que contribuyeron al salvamento de personas tienen un alto contenido de literatura épica; así se reconoce «valor y arrojo al lanzarse al mar en medio de un huracán imponente y al atravesar el puerto en tales condiciones con el único objeto de salvar la vida de aquel infeliz». Es el relato de como el patrón Juan Rivadulla y siete marineros lograron salvar la vida de un hombre que estuvo en el agua «por espacio de una noche y durante las primeras horas del nuevo día». Ocurrió en diciembre de 1886 y la tripulación fue recompensada, entre otros reconocimientos, con 150 pesetas.

En todos los informes sobre este tipo de hechos se menciona a varios testigos de los mismos, desde adultos a niños, y casi siempre se detallan los motivos por los que las personas habían caído al mar: «Efecto, sin duda, de encontrarse algo ebrio», dice el texto que explica como Ezequiel Alberte se cayó al mar en la Marina siendo salvado por el carpintero Pedro Leonardo Rey.

En su puesto de trabajo

De cigarrera a percebeira. A «la falta de costumbre» achaca el informe municipal la caída al mar de Consuelo Fariña, una cigarrera de 30 años, que había ido a llevarle la comida a su marido, Juan Catoira Varela, de 29 años, que trabajaba en una batea en el entonces puerto de La Palloza (era el 11 de diciembre de 1898). El matrimonio acabó en el agua y fue salvado por Manuel Rodríguez López, un marinero de 32 años que estaba limpiando su bote. Otra mujer rescatada fue la percebeira Carmen Cortés Ramos, que faenaba en las inmediaciones de la torre de Hércules con Andrés Rey Hernández, de 60 años, y Juana González Chas, de 33. Fueron sus dos compañeros quienes la salvaron.

Del andamio a la arena

Alcaraz muere en el Orzán. Además de la mencionada presencia habitual de niños en peligro de ahogarse otro hecho habitual era que ya entonces el Orzán era uno de los lugares más peligrosos del litoral. Así, en agosto de 1891, Eduardo Rebollo, de 17 años, rescata a Enrique y Antonio Rama, de 12 y 10 años que fueran «envueltos y llevados por las olas», se detalla en el expediente.

Menos suerte que Rebollo tuvo Francisco Alcaraz Fernández, un obrero que trabajaba en las obras del colegio Eusebio da Guarda el año 1897. Según relataba este diario, el día 25 de agosto fue el primero en escuchar los gritos de «tres inexpertas mujeres, bañistas de tierra» que se bañaban en el Orzán. Alcaraz reaccionó de inmediato y «se descolgó por una ventana sobre el mismo arenal para evitar la pérdida de tiempo al hacer el rodeo por tierra, y desnudándose a prisa se internó intrépidamente en el mar nadando con vigor hacia donde se sumergía una de las mujeres». Los compañeros de trabajo de Alcaraz, Ricardo Tomé Caurel y José Tojo Pillado, lograron salvar a dos de las mujeres. Finalmente, Alcaraz y la tercera mujer murieron ahogados. El hecho conmocionó, aunque no mereció la distinción municipal de hecho humanitario.