Pintadas, roturas y verdín invaden los jardines de Méndez Núñez

Suárez Ferrín, «fusilado» de nuevo, mientras a Curros le crece la hierba

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«El teniente que mandaba el pelotón tuvo que darle el tiro de gracia, pues los soldados que lo formaban erraron sus disparos intencionadamente. La víctima se llamaba Alfredo Suárez Ferrín y fue el último alcalde republicano de A Coruña». Esto escribió el historiador Carlos Fernández. Han pasado más de 75 años desde que ocurrieran aquellos hechos, el 30 de agosto de 1936, y viendo la cabeza de Suárez Ferrín que está en los jardines de Méndez Núñez da la impresión de que ha sido fusilado de nuevo. Y es que su mejilla izquierda aparece agujereada, un hueco redondo que llega hasta el ojo y permite ver que la escultura de Ramón Conde, con el lema «La Coruña a su alcalde 1934-1936», es de fibrocemento y no de bronce como podría dar la impresión, tal vez a los autores de estos daños.

El desperfecto en esta figura es uno de los muchos que pueden verse recorriendo Méndez Núñez, un espacio emblemático de la ciudad donde proliferan las pintadas, donde hay esculturas con su pedestal peligrosamente resquebrajado, como la de Daniel Carballo, o la ausencia de grupos escultóricos enteros, como el de la familia que formaba el monumento al libro. Este conjunto, una obra de Manuel Buciños que había sido promovida por el librero Fernando Arenas, es uno de los más perjudicados por las gamberradas, la última de las cuales ocurrió hace solo unos meses, el 20 de septiembre del 2011, cuando una de las figuras del grupo que pesaba unos 80 kilos, cayó y atrapó a dos niñas que jugaban habitualmente en este lugar.

Fue al menos la tercera de las ocasiones en la que este monumento instalado en el año 1976 sufría daños; esta vez fue debido a que alguien rompió los anclajes de las figuras provocando su desplome en una acción que varios usuarios, padres y madres de los niños que juegan con frecuencia en la zona, achacaban a un intento de robo del bronce del que están hechas las piezas.

En la actualidad, el monumento está en los talleres municipales, a donde fue trasladado después de esta última gamberrada con el fin de ser reparado. Además de la base en la que estaba ubicado, muy cerca del parque infantil, lo único que queda son las letras finales de una dedicatoria: «...a sus creadores». A otra escultura, el imponente Curros Enríquez esculpido en su día por Asorey, ha empezado a crecerle con fuerza la hierba entre algunas de las figuras que forman este pétreo grupo escultórico. La vegetación contrasta con el reconocimiento a una figura que, más de un siglo después de que la ciudad se echara a la calle para despedirlo con motivo de su sepelio, se sigue plasmando en el habitual ramo de flores que puede verse en la parte baja del monumento.

Además, el verdín invade la mayoría de las imágenes de Méndez Núñez, algo que hasta podría ser lo propio de bustos como el de Eduardo Pondal, ya que el autor de Queixume dos pinos está situado precisamente a la sombra de un pino y, tal vez por este motivo, la figura muestra una extraña coloración. Y casi un capítulo aparte necesitaría todo lo relacionado con el reloj floral de los jardines, que en estos momentos están sin sus agujas después de que, por enésima vez, las mismas aparecieran rotas tras una noche de botellón y solo tres días después de que tuvieran que ser reparadas.