«Claudio San Martín me daba mil pesetas para tomar café»

Ha sido «el hombre de la escalera» desde que abrió el centro comercial de Cuatro Caminos, donde era el electricista


04/04/2009 02:00 h

Muchos usuarios del centro comercial Cuatro Caminos llevan dos décadas viéndolo pasar con su escalera al hombro y dispuesto a reparar lo que sea necesario; alguno de los clientes incluso lo identificaba como «el hombre de la escalera» antes de que lo conociera personalmente y «echáramos unas buenas parrafadas». Tomarse un café con Bernardino Dacal en cualquier cafetería del centro comercial sirve para palpar el cariño que le tienen a este hombre quienes allí trabajan; se ha jubilado hace solo unos días y, sin embargo, «ya te echamos de menos, Bernardo» (nombre por el que le conocen todos), le comenta un camarero.

Este hombre nacido en El Morín -«es un barrio que está justo en la entrada de Monforte, una zona que era toda de ferroviarios, porque los bancos y comercios estaban más en el centro»-, guarda muy buenos recuerdos de cada una de las personas que le van saludando y a la hora de echar cuentas al tiempo que lleva en A Coruña bromea con el hecho de que llegó a la ciudad con 30 años, «y me marcho con otros 30», ya que acaba de cumplir los sesenta.

En la memoria de este electricista, que estudió en un centro de formación profesional de la villa monfortina, están los barracones que ocupaban el solar donde ahora se asienta El Corte Inglés o los trabajos de cimentación del centro comercial Cuatro Caminos, en los que participó «porque entonces yo estaba trabajando en la empresa Dragados». Detalla que el centro se inauguró un año después del Corte e, hilvanando su vida laboral, indica que un grupo de trabajadores de dicha constructora pasaron después a depender de la comunidad de propietarios del centro comercial, con el cometido de llevar a cabo las labores de mantenimiento.

«Pues sí, es posible que sea una cosa de familia», comenta después de explicar que sus padres, los dos, también trabajaron en el servicio de mantenimiento de Renfe en Monforte de Lemos, concretamente en tareas de limpieza.

En su caso, evoca como los días más intensos del mantenimiento de las zonas comunes los previos a la campaña de Navidad, «cuando había que preparar la feria de abril y los aniversarios del centro comercial»; eran jornadas que en algunas ocasiones «hasta reenganchábamos porque había que acabar y mientras no estaba todo listo no nos íbamos a dormir». Esto suponía unos largos turnos para que al día siguiente los usuarios se encontraran con una nueva decoración y, sobre todo, con la nueva iluminación.

Cambio de época

Pero todo ello forma parte de una época que, según apunta, ya está quedando atrás y de hecho hace poco más de un año las tareas de mantenimiento han sido externalizadas y ahora «ya no queda nadie del equipo de aquellos cuatro que estábamos siempre juntos».

Lógicamente, Bernardo confiesa que se conoce cada recoveco del centro comercial y entre las anécdotas de todos estos años destaca el especial trato que mantenía con Claudio San Martín: «Venía de vez en cuando y decía que como yo no tenía tiempo para ir con él a tomar un café me daba mil pesetas -de las de entonces, que era el año 1977 y por ahí- para que tomara un café». Sigue recordando el dolor que le produjo el asesinato de este empresario.

Una vez jubilado, Bernardino Dacal está regresando a sus orígenes en la provincia lucense. «Estamos en Quiroga, que es donde fuimos haciendo la casa, y allí estoy». El cultivo del vino del valle de Quiroga será ahora una de sus actividades, aunque sigue muy vinculado con A Coruña y de hecho sigue viniendo al menos una vez por semana, «ahora se llega pronto», sostiene. Tras el enésimo saludo a otro de los amigos que deja en el centro comercial, insiste en que con las nuevas comunicaciones la distancia entre Quiroga y su Monforte natal es escasa, «ahora se llega en quince minutos».

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