Pasión torera a la coruñesa

El abuelo es un devoto de los ruedos que lleva en la peña coruñesa desde su origen, y que ha encontrado sucesor en su nieto, con quien comparte afición


En el año 1967 cerraba sus puertas la plaza de toros municipal de A Coruña. Y no sería hasta 1991 que volvería la ciudad a acoger un festejo taurino, en este caso y desde entonces en el Coliseo. Entre tanto, 24 años sin toros en los que desde la Peña Taurina de La Coruña, con su presidente Luis Mariñas a la cabeza, se esforzaron en mantener la tradición y la afición -«que la hubo, y muy grande», asegura Mariñas- en la ciudad. En su lucha, encontró este veterano aficionado, que lleva 33 años al frente de la peña, a la que pertenece desde su fundación, a un aliado incondicional que vive la fiesta con la misma pasión que él: su nieto Mauro.

«No hizo falta que me insistieran mucho. Vi mi primera corrida en una plaza a los cuatro años, enfermo de varicela. Recuerdo que esa tarde José Tomás cortó dos orejas. Desde entonces me enganché», cuenta Mauro. El polémico matador de Galapagar es un referente para el joven aficionado, junto a Miguel Ángel Perera. Un gusto que comparte con su abuelo: «El toreo es el arte de la emoción. Y José Tomás es el que más emoción está dando a esto de los toros desde Manolete», asegura el presidente de la peña.

Aun así, prefiere Luis, en su veteranía, a los toreros de antes: «En la cabeza me caben muchos toreros, pero al bajar al corazón ya van cabiendo menos. Manolete, Antonio Ordóñez, Diego Puerta... Y sobre todo Santiago Martín, el Viti , de quien aprendí mucho de humanidad. Solía decirse que era mejor persona que torero, y como torero era el mejor. Tengo gran amistad con él y le visito a menudo. De hecho, un hijo mío se llama Santiago, no por el apóstol, sino por el torero», cuenta Luis. Esa querencia por las viejas figuras del toreo no es simple nostalgia: «Ahora hay muy buenos maestros, pero son... distintos. Antes eran figuras rodeadas de cierta bohemia. Bebedores de vino, no de refrescos de cola».

Como buen aficionado, Luis Mariñas mató el gusanillo del toreo con alguna que otra vaquilla, que le dejó de recuerdo una lesión perpetua en la rodilla y otra en la muñeca: «Pero mereció la pena -exclama con entusiasmo-. ¡Qué sensación!». Su nieto ya se marca sus pases en el local de la asociación, un auténtico museo abarrotado de parafernalia taurina de todos los tiempos.

La pregunta es inevitable: ¿Y si el joven Mauro sorprendiera un buen día a la familia con un «¡Quiero ser torero!»? «Yo mismo me iría con él a un sitio donde haya más cultura taurina, a Salamanca, por ejemplo, y no permitiría que dejase los estudios». Por el momento, Mauro sigue en A Coruña, pero nada es descartable: «No me lo he planteado en serio, pero gustar me gusta».

La Peña Taurina de La Coruña celebra este año su 60 aniversario. Y su presidente aprovecha la ocasión para reclamar una plaza en condiciones en la ciudad: «Así habría escuela taurina, se crearía afición... En la peña llegamos a ser 1.200 asociados y ahora somos 200. Mis propios hijos, al cumplir los 15 años, comenzaron a perder la afición y a dedicarse más al fútbol», lamenta. Y eso que él es un gran entendido del balompié: «Sé mucho más de fútbol que de toros», asegura.

Sobre el cartel de esta temporada en A Coruña, no hay queja: «Siempre puede ser mejor. Pero ojo con el Cayetano Rivera, que más allá de la cara bonita y el traje de Armani es un pedazo de torero. Mucho mejor que su hermano», advierte Mariñas.

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