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Las Casas de la Basura

El mar del Orzán y la cala de Bens fueron las primeras escombreras de la ciudad La Casa de la Basura cierra sus puertas. A Coruña despide Bens, el primer vertedero en tierra de la ciudad. Antes hubo otros basureros. Cientos cuando no había servicio de recogida, pues los estercoleros eran vecinales. Con la unificación, el depósito pasó a ser el mar del Orzán: frente a la Casa del Sol se vertían los desechos hace «medio siglo», cuentan en el Concello. Y si la marea los devolvía, pues empujón hacia el océano y asunto zanjado. Al océano volvió la basura el 10 septiembre del 96. El día del desplome.


A CORUÑA

El mar coruñés tuvo que tragar mucha basura. Primero, vía Orzán. Después, vía San Roque. Aún se conserva en este lugar una plataforma desde la que la basura era arrojada a las aguas oceánicas. La presión de los bañistas obligó a cambiar los hábitos. La primera alternativa fue la cala de Bens. En las cercanías de lo que hoy es la planta de tratamiento de aguas, los desechos caían al mar a toneladas. A comienzos de los años setenta se creó el primer basurero en tierra de la ciudad. Bens fue la zona elegida. Los bañistas de la cala de O Portiño comenzaron a convivir con la inmundicia. Esa escombrera inicial fue sellada en 1980, y se abrió otra un puñado de metros más arriba que la pionera. La adjudicación recayó en la empresa Semat. En la propuesta que presentó en el Ayuntamiento proponía crear una planta de compost además de un nuevo vertedero. La escombrera se hizo, pero no la planta de compost, por la que A Coruña tuvo que esperar casi veinte años más. En 1987, la empresa local Ferogasa (ahora Ferroser) asumió la concesión del servicio de recogida y tratamiento de los residuos. En Bens, II parte, la basura se amontonó sin mesura. Bajaban ríos de color rojo _el óxido era su origen_ y lixiviados a O Portiño y nada se hizo para atajar la contaminación. A Bens le empezó a brotar una barriga de basura. En 1992, el Ayuntamiento llegó a incluir en los presupuestos una partida para crear un muro de contención en la zona, faja de la que nunca más se supo. Dos años después, y en el marco de unas jornadas de medioambiente organizadas por el Concello, los expertos alertaron sobre un muy probable derrumbe del basurero. Acertaron. Cayó el 10 de octubre del 96. Se llevó por delante a Joaquín Serantes. La reacción municipal fue rauda. El alcalde se puso el traje verde y buscó el aval de Greenpeace para instaurar un sistema de tratamiento de basuras «lo más ecológico posible». Cuatro años después, el vertedero está sellado y el alcalde presume de la planta de Nostián. El futuro de la basura ya no es negro, sino verde.

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