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Oscars 2016: «Carol» o la delicadeza

Inspirada en una novela de tintes autobiográficos de Patricia Highsmith, es una reformulación del melodrama clásico que no se regodea en exceso en la tragedia

24 de febrero de 2016. Actualizado a las 17:28 h. 1

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Se inicia la película. Nueva York, años 50. Y Todd Haynes se eleva ya, así de primeras, y por si alguna duda cabía, como el heredero y reformulador del melodrama clásico hollywoodiense. Filmes como Lejos del cielo y el que nos ocupa, o la miniserie Mildred Pierce (ojo, combinados con otros como Velvet Goldmine o I'm not there, que dan fe de la versatilidad de este cineasta), lo confirman como el director que mejor ha sabido captar la esencia de aquellos dramas de los 40 y 50, llevándolos a su terreno y jugando, entre el homenaje y la reelaboración de los códigos, con un género que cuenta con vida propia.

Pero la pleitesía rendida a Douglas Sirk en Lejos del cielo ha evolucionado, y ha dado paso en Carol a una película que, de modo sutil, sin estridencias, va hilvanando sentimientos a través de miradas y roces (una mano, un hombro). La historia de dos mujeres que se enamoran en la encorsetada sociedad de los años 50 y viven y defienden ese amor con todos sus condicionantes, se plasma en una película que podríamos definir como delicada, pero no por ello (eso nunca) carente de fuerza. Una fuerza que se desprende de la composición de cada uno de sus planos, de sus reflejos, de la música que acompaña, de la elegancia de la puesta en escena y, sobre todo, de sus magníficas interpretaciones. Qué decir de Cate Blanchett, encarnando a la fascinación en persona envuelta en visones, o, sobre todo, de una Rooney Mara de fragilidad extrema, en una evolución de la actriz de reina del gótico al émulo reencarnado de una jovencísima Audrey Hepburn.

Inspirada en una novela de tintes autobiográficos de Patricia Highsmith, y con una herencia reconocida de los filmes de David Lean (la pulsión de Breve encuentro vibra en sus imágenes), Carol es una reformulación del melodrama clásico, con homosexualidad femenina de por medio, que no se regodea en exceso en la tragedia, y que nos otorga un atisbo de esperanza final que es muy de agradecer. Una película que perdurará por méritos propios.

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