Paco Herrera vivió el domingo sus últimas horas como entrenador del Celta. Tras casi tres años al frente del equipo, se despide emocionado, con cierta tristeza, y declarándose un celtista más.
-¿Cómo han sido estas primeras horas fuera del banquillo?
-Siempre creo que lo que marca es cuando pasa el primer partido y no estás tú ahí. Es ahí cuando que te pones las pilas y dices ?esto se acabó. Yo ya no estoy aquí y hay que despertar?.
-¿Con qué se queda de la etapa que ahora cierra?
-Fue todo bueno a excepción del momento final. Han sido dos años buenos, de mucha alegría para el celtismo, en los que se ha hecho buen fútbol. El Celta ha sido un equipo alegre y la gente ha disfrutado con eso y con las victorias. Este año quedaba el último objetivo por cubrir y no ha podido completarse. En estos últimos tres o cuatro partidos hemos estropeado todo. Lamento no poder cubrir ese objetivo final, espero que la persona que ha entrado lo haga.
-¿Qué se encontró al llegar y en qué ha cambiado ese Celta?
-Me encontré un equipo con muchas dudas, seguramente algo parecido a lo que se puede encontrar el actual entrenador, aunque de otra manera. Los jugadores dudaban respecto a ellos mismos, había bastantes chicos jóvenes que estaban en Segunda y no sabían por qué. Fue un primer mes muy intenso, aunque me di cuenta pronto de que había mimbres y que iban a crecer enseguida. Y así fue. Pese a que perdimos en casa, desde el primer partido fue un equipo fuerte, que iba a por la victoria, ese es el equipo que he visto estos dos años. Este año en Primera hemos querido ganar, sobre todo en primera vuelta, pero había que trabajar lo mismo y no hemos podido terminar.
-¿De qué se siente más orgulloso?
-En primer lugar de mis jugadores, y cuando hablo de mis jugadores, hablo de todos los jugadores con los que empecé y especialmente los gallegos. Me siento orgulloso de cómo han crecido y cómo han llegado a Primera. Los que han venido a sumar, por supuesto también, pero especialmente de estos.
-Con el Celta ha vivido satisfacciones y momentos amargos.
-He tenido muchas satisfacciones. Un reto que me marqué al principio era el devolver al equipo a Primera y, aunque tardamos dos años, lo logramos, recuperando a la afición y el buen fútbol que ha sido una de las notas características del Celta. Amargos, las últimas cuatro o cinco semanas, olvidando incluso el penalti de Michu. Los resultados son los que mandan y los que cesan a un entrenador. No estaban siendo buenos y desde ese punto de vista entiendo la decisión. Para mí había otra cosa más: el equipo había perdido el norte fuera de casa, como pasó en la etapa que yo llegué. Ahora tenía dos retos: salvar al equipo como me había marcado y que recuperara otra vez su estilo.
-Habla de su salida, ¿le han dolido las formas?
-No, para nada. No estoy dolido. Sí un poco desconcertado pero no dolido, porque sé que para las personas que han tenido que tomar la decisión ha sido muy duro, que les ha desbordado el tema, y entiendo que ha habido equivocación, en tiempo, en horas, pero seguramente por ese motivo. Sé positivamente que el presidente lo ha pasado muy mal. Le ha superado esto y al superarle seguramente no ha marcado bien los tiempos o las prioridades, pero sé el aprecio profesional y personal que me tiene. Por lo tanto, no hago ninguna valoración negativa. Sí que es un pequeño lunar, pero como el que podría haber cometido yo mismo.
-¿Se arrepiente de no haber aceptado la renovación?
-No, para nada. No estaría contento. Hubiera podido exigir un año de contrato, pero no lo hubiera hecho. Del Celta tengo que salir con la cabeza bien alta en todos los sentidos.
-Se ha comentado que en días pasados recibió una oferta del extranjero.
-Sí, hubo un equipo en el extranjero que me hizo una llamada, pero ni lo valoré ni lo comenté. Si pidiera irme en la situación que está el club, sería un cobarde. Ahora la aceptaría.