El Celta se pierde en el laberinto de Herrera

El desconcierto de la pizarra condena a los celestes

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Habrá equipos a los que el conservadurismo les siente bien. Pero ese no es precisamente el Celta. Una primera vuelta entera debería ser suficiente para aprender que a los vigueses jugar al empate les reporta más dolores de cabeza que satisfacciones. Y la última prueba fehaciente fue la derrota de ayer ante el Osasuna, que comenzó a gestarse con un once rebuscado y recolocado.

la salida

Un experimento en mala hora. No está el Celta para experimentos. Sin embargo, Paco Herrera se sacó de la chistera en el Reyno de Navarra un once en el que prescindió de sus mediocentros específicos para reubicar junto a Borja Oubiña al jefe de filas de la defensa. Obviando lo sucedido en Vallecas, el entrenador volvió a confiar el pivote a Cabral. Ni el argentino ni Borja Oubiña estuvieron finos. Ni rastro de creación en un día en el que el mediocampo vigués solo apareció tímidamente, y de forma intermitente cuando ya estaba con el agua al cuello. De Lucas, que había reclamado minutos, salió de cara junto a Pranjic, la entrada prevista. Pero más allá del once, fue la pizarra lo que descontroló al Celta.

el planteamiento

Sin mapa para el laberinto. De Lucas y el croata podían entrar en las quinielas para el once ante el Osasuna. Sin embargo, resultaba más enrevesado adivinar dónde los colocaría el entrenador. Quizás buscando que jugasen por el interior, Herrera optó por cambiarlos de banda, por lo que a los dos les tocó jugar a pierna cambiada, generando unos réditos más que dudosos. Siguiendo con el juego de pizarra, en la segunda mitad, tras la salida de Cabral, al croata le tocó formar pareja de baile con Oubiña, en vez de tirarse a la banda, que fue a parar a manos de un Park que nunca había estado pegado a la línea. Y así, continuando con el baile de piezas, Álex se ubicó como mediapunta. Toni, zurdo, cumplió en el flanco derecho.

el carácter

La renuncia, se paga. El Celta puede, y debe, salir con respeto ante todos los rivales. Pero hacer que el equipo contrario dicte su juego le está costando puntos. Cada vez que los celestes renuncian a su fútbol y buscan más adaptarse al del contrario que exhibir personalidad propia, el resultado es negativo. La máxima de que el estilo era innegociable se ha diluido por el camino. Y aunque el juego del Celta no le garantiza tener puntos, renunciar a ser él mismo, tampoco.

el último cuarto de hora

La resurrección llegó tarde. Encajado el gol, el Celta confió sus opciones de empate al que bien podría haber sido su once titular. La entrada Toni, Álex López y Park dotaron al equipo de más vida ofensiva. Bien es cierto que la necesidad era latente y que el Osasuna ya pensaba más en guardar la ropa que en otra cosa.

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