En Rojiblanco

El Ángel Carro, tabla salvadora

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Con 42 puntos todavía en juego y 14 jornadas por delante, cualquier atisbo de pronóstico me parece una osadía. Sin embargo, hay un dato muy significativo en la singladura del Lugo en su regreso a la categoría de plata del fútbol español: en estas 28 jornadas transcurridas hay una evidente superioridad de juego y resultados en el rendimiento de los rojiblancos en su feudo del Ángel Carro, frente a los dividendos viajeros. Ayer, por enésima vez, los de Setién volvieron a perder una ocasión pintiparada para reforzar la rentabilidad casera. Y lo han hecho de la forma más cruel con la que el fútbol suele castigar a los equipos carentes de llegada y pegada, que no es otra que la derrota en el último segundo. Cuando el árbitro ya no deja ni sacar de centro el gol encajado. Antes, Ruper lanzó magistralmente una falta directa, como único balón fatal e inalcanzable para Yoel, que evitó otros dos goles para su equipo en la segunda parte. En la primera, lo tuvo Manu en sus botas, con toda la portería para él. Es la cara y la cruz de una misma moneda, como siempre. El Mirandés salió del descenso en el último suspiro y le cede el testigo al Huesca, que vuelve a marcar la línea roja: a siete puntos del Lugo y con el golaveraje favorable con los lucenses. Llegados a este punto, no queda otra que aferrarse al Ángel Carro como antídoto del descenso. Hay que convertirlo en un auténtico fortín, donde la afición apabulle al rival, deportivamente hablando. Y no despreciar ni un punto, porque se trata de sumar y sumar. Comenzando con el Numancia el próximo sábado. Otra final frente a otro rival de postín. Porque aquí, como se ve, la clasificación no cuenta para las evaluaciones diarias. Ni los antecedentes. Hay que morir en cada partido, como si fuera el último. Merece la pena.

Óscar Díaz, en un remate de cabeza ante un defensor local. LOF