Un siglo de transporte por carretera

Crónica de la evolución de un servicio que comenzó con la empresa La Lealtad


Es muy manida la afirmación de que las tierras del Fisterra se encuentran en la periferia de la periferia, en el mismo fin, limitando con el más allá. Y, si no, que se lo pregunten a los antiguos romanos, con Décimo Junio Bruto a la cabeza, que llegaron hasta el mismo promontorio Nerium y se aterraron cuando vieron desaparecer el astro solar hundido en el abismo del mar. Por este motivo de la ubicación en la periferia, las comunicaciones terrestres con el resto del mundo fueron siempre precarias, interminables y lejanas, y que más que comunicar aislaron, exceptuando la vía marítima con la que estuvimos en las mismas condiciones que los demás pueblos de la tierra, a pesar de las frecuentes tempestades que nos visitan y de las infraestructuras portuarias que carecíamos. De las primeras, muchas y furiosas y, de las segundas, con carencia absoluta hasta hace aproximadamente un siglo.

Durante la Edad Media, nuestros antepasados intercambiaban mercancías acudiendo a ferias celebradas fuera de sus localidades o aldeas de origen y vecindad, y las malas comunicaciones siempre representaron un factor de aislamiento para ellos, produciéndose en los desplazamientos agresiones y robos y, por tanto, inseguridad, en unos caminos que les unían a otros núcleos poblacionales. Estos precarios y peligrosos caminos que comunicaban con el resto del mundo, uno fue el que pasaba por el puente de Brandomil y que de Santiago llevaba a Fisterra por Cotón (Negreira), llegando a A Ponte Olveira y siguiendo por Santiago de Olveiroa, Hospital y Marco de Couto, para dirigirse después a San Pedro de Buxantes, continuando por Fonte Romeu y por la ermita de San Pedro Mártir, pasando a Cee y después a Corcubión para finalmente llegar a Fisterra.

También existía el camino de Fisterra a Coruña siguiendo una antigua vía romana o camino real que iba de Fisterra, pasando por Corcubión, a Dumbría por el Cruceiro das Herbas y seguía a Baíñas por Alvarellos, en un trayecto casi paralelo a la actual carretera.

Por estos dos caminos terrestres, además de los interiores entre poblaciones próximas, fue por los que circuló toda la pobreza y la riqueza de su tiempo, desarrollándose en una economía de intercambio no muy alejado del trueque, para mercancías y ferias, peregrinos y limosneros, además de los lugareños y otros visitantes que transitaron por esos caminos inseguros, temerosos de encontrarse con asaltantes y maleantes, y con un tráfico inexistente de circulación rodada a excepción de los carros del país en distancias más o menos cortas, desplazándose los viajeros o a pie o a caballo y a lomos de mulas las mercancías.

Con el paso inexorable del tiempo fueron mejorando las vías, normalizándose y sistematizándose los desplazamientos, organizándose así intercambios regulares. Echemos, pues, la vista atrás y analicemos con un cierto detalle la génesis del transporte de viajeros en la comarca de Fisterra durante el pasado siglo XX.

Desde los inicios

Conocemos que en los últimos años del siglo XIX fue constituida la empresa de carruajes La Lealtad con capital aportado por comerciantes y empresarios de A Coruña y de los pueblos por los que discurría la vía que nos unía con la capital provincial, entre ellos el que fue banquero de Corcubión, Manuel Miñones Barros, en 1899. Estas antiguas diligencias efectuaban el trayecto A Coruña-Corcubión en unas 10 a 12 horas. Entre tanto, pocos años después llegaron los vehículos a motor creándose en 1908 en A Coruña la empresa Automóviles coruñeses, una compañía de transportes que tenía por objeto cubrir el recorrido que efectuaban los carruajes de La Lealtad, por una carretera que, comenzada a construirse en 1850, a la altura de 1910 continuaba sin completarse, originando muchos problemas a vecinos y pasajeros.

Aunque no hemos entrado en profundidad en las tripas del asunto, esta última empresa estaba dedicada a la explotación de automóviles y al transporte de mercancías y viajeros desde A Coruña a Corcubión, y también a Santiago. Automóviles Coruñeses fue creada con capital coruñés, efectuando los servicios con dos ómnibus a partir de 1911, saliendo en 1917 a las 8 de la mañana de A Coruña y llegando a la localidad de San Marcos a las 16.30, ocho horas y media de viaje. Los precios que regían en ese año fueron los siguientes: a Arteixo, 2,75 y 2 pesetas; a Carballo, 7 y 5; a Baio, 12,75 y 9 pesetas; a Vimianzo, 14,50 y 10; y a Corcubión, 20 y 14, aunque a partir del ejercicio de 1918 comenzó a producir pérdidas, motivo por lo que, ante sus pobres y negativos resultados, fue sustituida en su recorrido a la comarca de Fisterra por una empresa con capital social local.

A mediados de la década de 1920 la Empresa Guillén, de Cee, fundada por Argimiro Guillén Cereijo, abogado y uno de los herederos del importante capital y patrimonio de la familia de los Cereijo, buscó la oportunidad de introducirse en el negocio de los transportes de viajeros y mercancías. En ese año esperaba recibir su primer automóvil de los tres que había adquirido de la marca Saurer, con el fin de dedicarlos al servicio público entre A Coruña, Corcubión y Cee, sustituyendo por tanto a Automóviles Coruñeses que hasta la fecha lo venía prestando. Luego, llegaron las otras dos unidades comprometidas, ampliando más tarde la flota hasta alcanzar las cerca de treinta unidades.

Entre 1926 y 1927 la empresa Guillén se fue haciendo con el monopolio de las rutas Coruña, Carballo, Malpica, Corme, Cee... sumando algo más tarde la de Portomouro, Santiago y Bembibre. Paralelamente, en el verano de 1927 la Junta Central de Transportes le concedió el servicio de exclusiva por un período de 20 años entre Corcubión y Fisterra, con la obligación de conducción gratuita del correo entre ambos pueblos, retirando la subvención que hasta la fecha percibía el comerciante y transportista fisterrán Belarmino Castiñeira y su empresa de transportes La Competidora, iniciando unos el camino y su crecimiento y otros preparando su paulatina desaparición.

De Corcubión salían y a Corcubión retornaban todos los días los ómnibus de la empresa Guillén que hacían el servicio a A Coruña o a Santiago, y otros automóviles que hacían servicio diario a Fisterra. El garaje estaba instalado en los bajos de la vivienda del propio propietario, en la Praza da Constitución, el edificio que ocupó hasta hace algún tiempo la Escuela de Música. También estaban las oficinas y los talleres. Adicionalmente a la flota de automóviles, en 1926 la empresa se sumó al transporte marítimo adquiriendo un velero, el Cristóbal Colón, propiedad anteriormente del industrial coruñés Melitón Fernández, con el fin de hacer la ruta Cee, Corcubión, Fisterra y A Coruña, para transporte de mercancías.

La empresa Guillén se mantuvo con entusiasmo y tesón logrando un crecimiento sostenible que le permitió crear un cierto empleo de calidad. No obstante, como el paso del tiempo es lento, pero constante, llegó un momento en que quedó a mitad de camino. En el año 1946, después de poco más que 25 años de actividad empresarial, cambió de tercio y dibujó su último trazo pactando traspasar todos sus derechos a Transportes Finisterre, S.A., que fue la que más aguantó el tipo en esta ruta.

Después llegó Arriva, que se comió a Transportes Finisterre y después... En fin, la historia de siempre, el pez grande se comió al chico hasta que el pez grande, insatisfecho con los resultados de su inversión, y temeroso de un progresivo descalabro financiero, abandonó la tarta y regresaron otros peces chicos a picotearla.

Al fin y al cabo, huelga decir que fue creciendo el malestar y la indignación de los usuarios que sufrieron un deterioro del servicio y resulta evidente, por la cantidad de cambios de mano de la concesión, que el negocio del transporte por carretera en A Costa da Morte nunca fue demasiado rentable. Pero esto ya es nuestro tiempo poshistórico (nuestro presente) y ya todos lo conocemos.

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