Dolores Tasende: «Xa traballei e non comín e agora non traballo e como»

Este supercentenaria de Carballo conserva aún fuerzas para coger en el colo a una de sus bisnietas y un envidiable sentido del humor

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carballo / la voz

Dolores Tasende está sentada en la mesa de la cocina detrás de un vaso de Nestea, una campanilla y una sonrisa poco frecuente en una persona que ya ha cumplido años 106 veces. Tampoco es frecuente que a esa edad esté uno ni con fuerzas ni con humor para coger en el colo a una bisnieta de tres meses y ocho kilos, pero Dolores posa para el fotógrafo encantada con el bebé. La madre de la criatura no tiene reparo alguno porque no es la primera ni será la última vez que la bisa le haga unas fiestas a la niña. Y es que todo en esta mujer es extraordinario.

Dolores tuvo cuatro hijos que le han dado nietos y bisnietos. La mayoría se juntaron en su casa de Carballo para celebrar la Nochebuena. Y la familia le dio gusto y le sirvió el menú que ha pedido: «Pulpo. E castañas de castiñeiro». Dicho así no es lo mismo que ver a Dolores, quien no se acuerda ya de cuándo perdió el último diente: «Estou sen eles, pero por iso non deixo de comer», ríe. Lo tritura todo con sus endurecidas encías. Es verdad que está un poco sorda y que necesita una silla de ruedas para moverse, pero el espíritu de Dolores es envidiable. Su familia la anima a que cuente las viejas historias. Y Dolores las cuenta. Como aquella de cuando los guardias le echaron el alto después de extraer algo de wolframio en las minas del monte Neme y la querían llevar al cuartel: «Eu dicíalle: se non me levas a rastro non vou». Y no fue. Les convenció de que tenía un bebé que la esperaba en casa: «Demóstreo, dixéronme. E saquei unha teta e alí lles botei o leite».

Casi no ve la tele, prefiere mirar por la ventana: «Vexo a xente. Uns saúdanme e outros non». Muchos vienen a verla del barrio donde antes vivía, porque está claro que es una mujer de las que dejan rastro. Está bien de salud y la familia dice que se alimenta de maravilla: «Xa traballei e non comín e agora non traballo e como», ríe la abuela.

En su larga vida tuvo la oportunidad también de viajar. A Suiza, muchas veces, a llevar a los nietos que se habían quedado en Carballo a que pasaran unos días con sus padres. Ahora se mueve menos, pero si la llevan en coche, no se raja. El otro día se fue con la familia al centro comercial Marineda City de A Coruña: «Había ben onde escoller», dice: «Aínda hai moito mundo». Y se vuelve a reír. Así que yo también quiero llegar a los cien años si es para tener su humor. ¿Qué hay que hacer? «Comer e beber ben. E o traballo deixalo para atrás». Y venga risas.

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