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«Yo prohibiría el botellón»

«Si todos tenemos claro que beber es malo, ¿por qué lo permitimos?», se pregunta el especialista


A Coruña / la voz

José Manuel Fandiño Orgeira (A Coruña, 1967) coordina el servicio de Urgencias del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña, centro al que llegó en el 2013 tras haber trabajado 16 años en el Hospital de O Salnés, siete de ellos llevando las emergencias en Barbanza. La publicación del último informe del Ministerio de Sanidad sobre alcohol y menores refleja, a su juicio, en buena medida el perfil de una parte de los pacientes que llegan las madrugadas del fin de semana.

-¿Va a más el tema de las borracheras que acaban en Urgencias?

-Nuestra percepción es que no están aumentando, pero sigue habiendo borracheras de fin de semana y vemos que el contacto con el alcohol comienza cada vez a edades más tempranas. Nosotros en el Chuac atendemos todas las urgencias a partir de los 15 años. Ha disminuido el paciente crónico habitual, que viene puntualmente, pero el fin de semana llegan los jóvenes de 18-20 años, aunque también hay intoxicaciones etílicas de adultos de 30-40...

-Cuando habla de cada vez más jóvenes, ¿cuánto más jóvenes?

-En Barbanza recuerdo un caso de un niño de 13 años en coma etílico.

-¿Se notan los conciertos, o las macrofiestas?

-Y tanto. En los días grandes, San Juan o Nochevieja, ya montamos un operativo especial no solo por el alcohol, por los quemados, los accidentes... Claro que también es verdad que han disminuido mucho las asistencias en Urgencias desde que se montan los hospitales de campaña donde se celebran los conciertos, las hogueras, Os Caneiros...

-¿Cómo les llegan?

-Vemos que cada vez son más jóvenes y, además, beben de forma compulsiva, el atracón de meterse cinco-siete copas en el menor tiempo posible. Buscan la borrachera. Y el problema no son solo las consecuencias directas de beber, sino todo lo que trae asociado: accidentes, violencia, conductas sexuales de riesgo...

-¿Y drogas?

-No es raro encontrar el lote completo. En algunos casos, los amigos o la novia te dicen que ha bebido, se ha fumado algún porro... Hay que tener en cuenta que nosotros solo hacemos triaje de drogas en casos de coma, si llegan en estado de agitación muy llamativo o con somnolencia preocupante. Si la hiciésemos de forma generalizada, seguro que nos llevaríamos alguna sorpresa.

-¿Tienen repetidores?

-Alguno hay, pero lo habitual es que el repetidor sea el paciente con un problema crónico, no el chaval que sale el fin de semana o hace botellón.

-¿Habría que prohibirlo?

-Yo prohibiría el botellón. Sin duda. Como médico, creo que hay que hacerlo. Si todos tenemos claro que el alcohol es malo, ¿por qué lo permitimos? En los menores está claro: legalmente no pueden beber y además es nocivo para su salud y desarrollo. No solo por el efecto agudo, es una realidad científica que destruye neuronas. Por no hablar de qué puede pasar si te subes a un coche con alguien bebido, los atropellos, las peleas... Es ilegal, pero ya que beben... ahí tenéis un sitio para hacerlo. No es lógico. Habría que controlar primero la venta a menores y después el consumo. Es como el 0,0 al volante, ¿alguien duda de que existe relación entre alcohol y accidentes de tráfico?

-¿Falta voluntad para hacerlo?

-Falta voluntad política y apoyo social. Al final, es un tema cultural.

Para José Manuel Fandiño Orgeira, la problemática del consumo de alcohol desde edades tempranas ha de unir medidas legales y educativas. «Hay que dar el salto que se dio con el tabaco», asegura’.

-¿Cómo?

-Recuerdo perfectamente cuando hasta los médicos fumaban en las consultas. Todo el mundo fumaba y en todas partes. Y no hace tantos años. Hoy es inconcebible y hasta entre los jóvenes el tabaco no se ve como antes. No fuman tanto. Mientras no consigamos eso con el alcohol, seguiremos viendo a chavales jóvenes con intoxicaciones etílicas importantes.

-En el caso de los menores, la obligación de avisar a la familia ¿puede retraer la petición de atención médica?

-Si están muy mal, por fortuna suelen tener la suerte de que algún amigo los quiere bien y acaba llamando al 061.

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