«A primeira vez que embarquei dixen que este era traballo de preguiceiros»

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Antonio Mouzo y Manuel Rodríguez, apoyados en una lancha en el puerto de su Camelle natal.
Antonio Mouzo y Manuel Rodríguez, apoyados en una lancha en el puerto de su Camelle natal.

La primera vez que le dieron vacaciones -le correspondían 45 días después de 11 meses en el mar- las cogió a la fuerza. «Pensaba: ?eu a que vou agora alí?», relata el camariñán de Camelle, Antonio Sánchez Mouzo, Tonecho. Era tal la miseria que dejaba tras de sí, en un pueblo «no que aínda non había cuartos de baño nas casas» y en el que las peonadas de la construcción se hacían con un saco de cemento de 50 kilos en cada brazo, que la vida a bordo con 17 años le parecía algo así como unas buenas vacaciones. «Cando embarquei dixen para min que este era un traballo de preguiceiros», añade Tonecho, que no estaba acostumbrado a las jornadas de ocho horas y las tres comidas al día.

Así, durante dos décadas, hasta que a los 38 años le dieron la peor noticia posible, que le obligó a dejar la mercante por cuestiones médicas, recorrió infinidad de trayectos por el Atlántico Sur hasta el Índico con los buques de Marítima del Norte, compañía a la que llegó de la mano de su padre y en la que trabajó «medio Camelle». Habitualmente cargaban las capturas de Pescanova y abastecían a sus barcos de la manera que podían, que no siempre era la más escrupulosa con la ley, aunque también transportaban madera, cereales o lo que les tocase. También tuvieron sus sustos. El más gordo en 1977 en el golfo de Bizcaia camino de Inglaterra. «En vez de estibar a carga, tiñamos tres palleiros con 2.000 toneladas de mineral que se foron a un costado. Houbemos de espichala e o capitán, por nos distraer que non por outra cousa, púxonos a achicar auga a baldes nun barco de 116 metros», recuerda. Aunque dejó aquel empleo, nunca se desligó del mar, primero como secretario de la cofradía de Camelle y ahora como comprador de algas.

antonio sánchez mouzo 56 años