Tres familias investigan la muerte de sus bebés

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Al menos tres familias de la comarca (Cabana, A Laracha y Carballo) investigan si sus bebés murieron hace décadas en el parto, como les aseguraron entonces en los respectivos hospitales coruñeses, o si pudieron ser víctimas de robos para dar los niños en adopción. La proliferación de casos en los últimos meses anima a muchas personas a retomar temas que se habían resignado a olvidar, pero en los que se produjeron demasiadas zonas de sombra, lo que les da un resquicio de esperanza. En la actualidad, estas familias se dedican a recopilar toda la información posible de los clínicos, registros civiles o cementerios, además de la interposición de denuncias ante la fiscalía y del contacto con posibles casos de adopciones irregulares.

Las investigaciones han generado la creación de una entidad de afectados.

Obdulia Veiga Brandón, de 66 años, natural de Estramil-Torás (A Laracha) tuvo una niña en noviembre del 72 en el Labaca, más tarde Oncológico. Como en los demás casos, le dijeron que había muerto. Pero ella cree que no. Animada por los casos que han ido apareciendo, por sus propios y sus corazonadas («a min paréceme que vive», aseguraba ayer en su casa) se ha decidido a investigar. Lo denunció ante la fiscalía y un juzgado coruñés se encarga de la investigación.

Explica que, si no empezó antes, fue porque no había apoyo de ningún tipo. Y porque se vio reflejada en las palabras que pronunciaron en los medios otras familias que están en su situación.

Su relato es muy minucioso. Cómo las enfermeras le dicen, tras un parto complicado, que ya nació muerta la niña, tras el alumbramiento. Pidió verla y se la trajeron «moi arreglada e branca» en una caja de cartón y a unos metros. La negativa a dejarla enterrar en A Laracha, porque tenía que ser en San Amaro. Que iba a ser muy caro llevarla a casa. Al final, el padre de Obdulia accedió. Fue citado para el día siguiente a una hora, pero llegó unos minutos tarde y no apareció nadie ni le explicaron nada. Los papeles que acaba de conseguir ponen otro día como supuesto enterramiento, del que ya no queda nada. Y, años más tarde, su madre le confesó, muy seria, como un peso que se quitaba, que el día del parto se había asomado al paritorio y había visto a la niña viva.

Obdulia observaba ayer la documentación familiar en su casa de Estramil-A Laracha. S. G.