«Deberían devolver el dinero de Man para cuidar su museo»

Visitó Camelle para conocer el estado del legado cultural de su tío


carballo / la voz

Clemens Gnädinger, (Colonia-Alemania, 39 años), es sobrino de Manfred Gnädinger, el Alemán de Camelle que en 1961 llegó a localidad, donde vivió como un anacoreta y creó un museo, hasta el 28 de noviembre del 2002, que fue encontrado muerto en su cabaña en plena marea negra del Prestige. Clemens visitó la localidad camariñana para interesarse por la obra y el legado de su tío y no se llevó muy buena impresión.

-¿Vino a propósito para saber lo que queda de la obra de su tío?

-Vine para saber un poco más de la historia de mi tío, porque lo que conocía de él era a través de mis padres. Siempre tuve la impresión de que era una persona muy mística. En casa teníamos esa idea de él. Quería saber más sobre su historia aquí en España. Si realmente era un loco iluso simplemente o había algo más detrás. Creo que hizo una gran obra.

-¿Qué idea tenía del artista?

-Cuando yo era niño creía que era un loco haciendo cosas extrañas en tierras lejanas. Conocí un fotógrafo de A Coruña, Genaro Díaz, que me envió fotos. Las había visto en Internet y por eso me puse en contacto con él. Me contó que el museo estaba muy mal y entonces decidí venir por ver si podía hacer algo por salvar el legado de mi tío.

-¿Qué sabía de Man y qué relación tenía con él?

-Sabía lo que decían todos: que se había ido al extranjero y que estaba haciendo arte. Lo que más preocupaba era que tenía problemas con los marineros de Camelle. Eso era de lo que más se hablaba en la familia. En cuanto a la relación, yo no tenía mucha, pero mi hermano Stefan recibía todos los cumpleaños una carta suya y un folio entero con sellos de España.

-¿Sabe por qué no quería volver a su pueblo de Alemania?

-No. Estábamos en una incertidumbre constante. En realidad solo quería mantener contacto con su hermano Roland.

-¿Qué impresión se lleva del estado del museo de Camelle?

-Buff... Está muy mal. El tejado de su cabaña se está viniendo abajo. Las piedras están rotas y otras empezando a romper. Es imprescindible que alguien empiece a trabajar ya porque, si no es así, todo se vendrá abajo y si esto ocurre toda la obra que dejó Man empezará a ser olvidada y no creo que valga la pena que esto ocurra, entre otras cosas, porque los turistas que vamos a Camelle no vamos a ver la Fundación do Alemán, sino lo que Man creó sobre las piedras, que es lo que más interesa.

-¿Sabe que Man dejó 120.000 euros para cuidar el museo?

-Sí, sí, lo sé. Si Man quería que ese dinero fuese para cuidar y mantener el museo, lo lógico es que se destine a eso. No entiendo como no es así. Si el Estado no se va a preocupar por las obras de mi tío, debería devolver ese capital para que alguien pueda hacerlo.

-¿Ha visto el legado de su tío?

-He visto lo que queda en la Casa do Alemán y el museo. Las cartas y escritos originales no los he podido leer pero sí lo que queda de muchos de sus trabajos, los dibujos que hacía la gente y las fotografías que él sacaba y que están en una caja. Y estuve hablando con el alcalde y con el teniente de alcalde sobre el tema.

-¿Qué impresión se lleva?

-Mala. Hoy he enviado una carta a Mercedes Martín (responsable de la Fundación) para saber qué van hacer. Si piensan reparar el tejado de la cabaña y reponer las piedras de las esculturas y si tienen pensado exponer de alguna forma las fotos de Manfred para que pueda verlas toda la gente y que no estén ahí aparcadas en una caja.

Clemens gnädinger sobrino del alemán de camelle

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